mio Arriba Central -- Club Atlético Rosario Central


Primera Parte  
Historia del Club





Rosario Central, desde un día y para siempre, lleva en su propio nombre ese lazo que lo une a su ciudad natal. Ambos, con pasos inciertos y confusos, comenzaron su trayecto sin tener muy claro hacia dónde iban. Sus orígenes se perdieron en el tiempo y como la ciudad misma –que no conoce fundador ni fecha exacta de nacimiento– fue producto de la inquietud y la fuerza de un grupo de hombres que, como tantos otros, llegaron a estas tierras y dejaron olvidadas sus huellas detrás de la estela de un barco. Muchos cuentan por ahí que –al ser sus pioneros de origen inglés–, los papeles y las firmas que pertenecían al club original estaban en aquel idioma y, con la entrada al club de muchachos argentinos, quedaron traspapelados en algún rincón. De esta manera –sin que nadie se lo propusiera– se fue rodeando de misterio una leyenda que, como tal, se pierde en los oscuros laberintos de la memoria.

Allá por el año 1867, en un barcito de lo que hoy es la calle Laprida, tripulantes de algún barco anclado en el puerto contaban anécdotas sobre los picados jugados hacía poco en la precaria e histórica canchita de Salta y Buen Orden – hoy calle España–. En ese lugar, algunos dicen que nació el fútbol rosarino. El propietario del bar –un caballero llamado Williams, que se interesaba enormemente por ese deporte– invitaba a esos muchachos a que le relataran los últimos acontecimientos sucedidos en su país. Y juntos, soñaban con crear su propio club y hacer de este deporte que los unía un lugar en común.

Aquellos chicos pusieron en movimiento un deseo, que fue pasando de boca en boca hasta que veinte años después esa primera semilla de esperanza comenzó a dar sus frutos. Empleados y funcionarios del Ferrocarril Buenos Aires y Rosario –después de inmensas e inagotables horas de trabajo– descargaban su energía corriendo detrás de la pelota, se divertían, se relajaban y descansaban las tensiones acumuladas en el día. “Mirá esos ingleses locos”, comentaban los criollos curiosos y se sentaban a observar con ganas de salir corriendo a pegarle a la pelota. ¿Cómo iban a imaginar esos criollos que para los ingleses las ganas de jugar iban cada día más allá y la idea de agruparse y de asociarse era algo a punto de ser una realidad? Ya corría el final del año 1889 cuando –gracias al Ferrocarril Central Argentino– consiguieron un espacio, entre los portones tres y cuatro, para hacer realidad ese sueño engendrado veinte años atrás.

 

Y así, entre ilusiones y deseos –un día como cualquier otro del año 1889, en un perdido bar ubicado donde luego se fundó el Colegio Talleres–, un inglés llamado Mutton bautizó el club formalmente con el nombre de “Central Argentine Railway Athletic Club”. El pequeño grupo estaba integrado por: E.B. Salder como presidente, Chamberlain como secretario y –completando el grupo directivo– los señores Whitbet, Muthon, H. Cooper, W. Malhoil y T. Mutton. Este primer impulso de formalidad fue la base para el comienzo definitivo de la empresa tan esperada.

 

Dos meses más tarde –con el calor que corresponde a la víspera de Navidad en Rosario–, los adeptos al recién bautizado club fueron aumentando hasta llegar a una suma de cuarenta personas, entre ingleses y criollos que se animaron a sumarse al desafío, y en el mismo bar de avenida Alberdi sellaron el nombre propuesto. Los memoriosos recuerdan con exactitud a un valiente y apasionado señor, Mr. Colin Bolin Calder, que –desafiando la tradición inglesa y enfrentando la desconfianza de la mayoría– desacreditó el interés que se tenía, en ese entonces, por el cricket. También trabajó por la constitución de una entidad organizada para dar una importancia mayor a esa pasión que ya estaba alcanzando los corazones de muchos: el “football”.


Pronto, los ingleses descubrieron en sus compañeros criollos una cualidad innata y se sorprendieron de que no necesitaran demasiadas lecciones para dominar el arte de correr tras la pelota. Y así, estas dos potencias se fusionaron haciendo del juego un arte maravilloso y cada vez más elaborado. Era difícil imaginar, por aquellos días de 1881–cuando el pionero del fútbol en Argentina, Alejandro Watson Hutton, le pidió al ministro Domingo Faustino Sarmiento que le dejara practicar el deporte en las escuelas– que se estaba instaurando lo que luego sería “la mayor pasión de los argentinos” y que se convertiría en el precursor del deporte más popular del país.


De esta manera – en una Rosario repleta de extranjeros que llegaban a estos puertos en barcos cargados de esperanza; de la mano de hombres y mujeres que corriendo atrás de un sueño, desafiantes, expectantes, se agrupaba en casonas desprolijas, viejos conventillos llenos de aromas extraños–; allí, en ese ambiente agitado de solidaridad y trabajo, de sudor y de pasiones, entre los sueños de esa gente que luchaba por sobrevivir creció la semilla de lo que hoy es Rosario Central.


A esta flamante institución, que quería afianzar y definir su personalidad, ahora le tocaba encontrar “su” propio color, uno que lo identificara. Indecisa, pintó primero su casaca de blanco y rojo, pero pronto la sustituyó por el blanco y el azul, dispuestos en dos cuadros en ambas mitades de la camiseta. Más tarde –quién sabe cómo y por qué–, aproximadamente en el año 1904, el club adoptaría los actuales colores azul y amarillo, dispuestos en rayas verticales en toda la camiseta. A partir de allí –con el distintivo blanco y azul en el pecho– los dirigentes de aquel momento se pusieron en marcha e invitaron a sumarse al grupo a tres miembros más: Mr. Green, Mr. White y Mr. Lucas. Con persistencia consiguieron que se les otorgara varios terrenos de la empresa ferroviaria y con este permiso comenzaron a jugarse los primeros partidos organizados.

Ya el sueño se había puesto en movimiento. Los fines de semana los partidos se hacían más elaborados y a veces hasta se convertían en un programa de salida familiar. Para el partido del domingo se invitaba a un alto funcionario de la empresa ferroviaria que hacía las veces de árbitro, y –por falta de materiales– se armaban los arcos con las prendas de los trabajadores. Todo comenzó de la forma más precaria y con esfuerzo. Como se comienza todo aquello que –a pesar de la falta de recursos– impulsa la fuerza de la pasión, lo que hace posible esquivar las dificultades para poder continuar. Un día, un vecino llamado Recarce –imitando la acción de un chico que se ofreció para colocar los palos de los arcos– preparó la pintura y marcó los límites de la primera cancha verdadera.

 

Mientras los muchachos del naciente club se conformaban con algunos partidos importantes y muchos picaditos amistosos –que tenían como único fin el de divertirse–, la actividad creciente y más desarrollada del fútbol se producía en el Rosario Atlético, que tenía un campo importante en Plaza Jewell, en Rioja entre Crespo e Iriondo.


El fútbol ya había tenido sus inicios en Buenos Aires, donde se había fundado la Asociation Argentine Football League. Esta había organizado un campeonato que fue ganado por el Saint Andrew Athletic Club, con la destacada presencia de dos rosarinos: Penmam y Francis. Ellos marcaron el camino que pondría a las canchas criollas “entre las mejores del mundo en calidad de juego”.

 

Comienza el siglo XX, con un mundo conflictivo pero que abría un sinfín de posibilidades, sobre todo para aquellos que tenían muy poco y salían a la búsqueda de nuevos horizontes. Por todas parte se podía sentir el cambio, las nuevas transformaciones que se avecinaban. El nuevo siglo comienza para el flamante club con un giro rotundo: una nueva presidencia. Asume el señor William Taylor Paul y a su lado continúan los mismos de siempre: Chamberlain, Hooper, Green, Canton, Puplet, Lucas y otros de los pioneros.

Bajo la influencia de Taylor Paul, el club consiguió la donación de un campo mayor al que tenía. El inmenso terreno fue ofrecido por un alto funcionario de Ferrocarriles, el señor Mr. Russell, que se rindió ante la evidencia de que la tradición inglesa de jugar al cricket estaba rota y la nueva pasión era ya un hecho. Aquel inglés decidió por su parte apoyar el proyecto y facilitó las necesidades que la práctica del deporte requería para llevar a cabo la empresa lo mejor posible.

Observando el creciente desarrollo del deporte en todo el país–, los muchachos rosarinos –con cancha y colores propios– se propusieron conseguir un rival. Un distinguido señor, Mr. Mulhall, se alzó en busca de tan preciado tesoro: un rival con el cual demostrar las habilidades que el equipo estaba desarrollando. Recorrió los muelles del puerto, preguntó entre los tripulantes de los barcos recién llegados a la ciudad y finalmente se encontró con un buque de guerra llamado “Beagle”, que había atracado en el muelle de Comas, en lo que hoy es la bajada Sargento Cabral.

 

Los tripulantes del Beagle –que casualmente provenían de Inglaterra– aceptaron la invitación. Muchos cuentan que en aquel primer equipo rival se encontraba un jugador muy reconocido llamado Milton, que integraba un equipo inglés de primera división. Con este desafío comenzaron la euforia, los preparativos, las prácticas y la ansiedad. El equipo se formó con F. Barton, J. Postell y G. Camp; J. Muskett, J. Barton y T. King; L. McLean, T. Muskett, M. Green, L. Mac Intock y H. Hooper.

Y llegó el gran día. Con una tribuna de no más de cuarenta o cuarenta y cinco simpatizantes, el Central Argentine Railway Athletic Club debutó con un empate de 1 a 1. Pero las cosas no pudieron quedar así. Con el afán de superarse, el equipo buscó la revancha y lo logró. Entonces sí, con orgullo, los locales ganaron 2 a 1. Y de esa manera, comenzó la larga trayectoria –de casi 110 años– del gran equipo rosarino que es hoy Rosario Central.

A partir de ese momento proliferaron las reuniones en villa Sanguinetti, en el
barrio de Talleres. Aquel edificio –perteneciente también al Ferrocarril– sirvió de barbecho para que las ideas fueran madurando. El regocijo mutuo de pensar en algo más grande convertía a los días transcurridos en esa casona de dos plantas en momentos felices y entusiastas. La falta de recursos ponía en marcha la imaginación de los ya apasionados integrantes de este grupo que, contentos, utilizaban vagones destartalados y oxidados como secretaría, vestuario y tribuna al mismo tiempo.

En el club, de esta forma, fueron aumentando los encuentros futbolísticos. Los partidos se hicieron cada vez más frecuentes y con mayor rigurosidad. De esta manera, aumentaron las necesidades. Fue en ese entonces que Mr. Lucas tuvo un gesto enaltecedor: donó tres libras esterlinas, lo que en aquel momento era mucho dinero. Y, a esa acción le siguieron las de muchos otras personas que ayudaron de esta manera al club a poder hacer frente a los requerimientos y además se afiliaron. En esa época, el ingreso estaba todavía restringido, ya que sólo podían asociarse los empleados y funcionarios del Ferrocarril. Pero las cosas iban a cambiar para el Central Argentine Railway Athletic Club, que tenía ya casi quince años de edad.

En 1902, fue elegido presidente Mulhall, un incansable propulsor que con su intensa labor afilió a más de setenta personas y fue reelecto en 1903. Continuando con su tradicional lazo de unión con la ciudad de Rosario, el cambio que se manifestó en el club fue consecuencia de una transformación urbana. Los ferrocarriles Buenos Aires y Central Argentino se fusionaron, lo que produjo una gran migración de la población desde los talleres y estaciones de San Martín y Campana –en la provincia de Buenos Aires– hacia los galpones rosarinos. El crecimiento de la población –que le permitió al club aumentar el número de sus afiliados hasta llegar a una suma de ciento treinta socios– llevó a Miguel Green en una asamblea a plantear la necesidad de abrir las puertas de la institución. De esta manera, gestionó la apertura del club para todos aquellos que lo desearan, lo que hizo que se terminara con la restricción que sólo permitía la entrada de obreros o empleados ferroviarios. También se estableció que todos aquellos que quisieran asociarse deberían pagar cinco pesos la entrada y un peso mensualmente.
En esta asamblea histórica para todos los “canallas” se define el origen nacional del club, lo que lo hace romper con los lazos que tenía con sus progenitores ingleses. Nace entonces un club verdaderamente rosarino. Y el nacimiento va acompañado de un hecho que determina un cambio radical. Surge así el nuevo nombre que lo identificaría para siempre con su ciudad natal: “Rosario Central”.



Toda una novedad. *


Cuando los primeros “ingleses locos” comenzaron a darle patadas a la de cuero provocaron la sorpresa –y aún estupefacción– de la gente que nada sabía de gimnasia y del aire libre. Hasta ese momento, el aire sólo había servido para respirarlo en la pampa o en la sierra. O para sentirlo en la piel, junto al río, en algún momento de ocio.


Los chicos pequeños salían menos que los grandes porque, para ellos, jugar “a la pelota” –y encima al aire libre– era peligroso. Los padres se asustaban cuando sus muchachos llegaban a mostrar preferencia por ese juego que hoy conmueve multitudes; y por su parte, los vigilantes, perseguían a los menores cuando en la calle –en algún margen de la ciudad– se amontonaban alrededor de un “esférico” de trapo o de papel.

Llegó a hacerse clásica aquella pelotita colorada –de veinte centavos, tan saltarina y resistente– que podía seguir sin romperse hasta que los pies se cansaran. La pelotita roja era para los pudientes; la de trapo, para los pobres.
Ricos y pobre fueron amontonándose, en grande y en pequeño, alrededor de la pelota de fútbol. Aún con disgusto de los progenitores que, al fin, debieron declararse vencidos ante la ofensiva multitudinaria que la tuvo como general en jefe, ganando siempre en el sentimiento de los aficionados. Hoy –después de haberse paseado por todos los patios y veredas– es señora y dueña de las canchas. Estos primeros fanáticos no abandonarían la pelota nunca más y seguirían llevándola y trayéndola, rubricando el césped con unas firmas que valen más que las de un banco.

Se fueron agregando otros aficionados a los que hacían el trabajo. Estos colmaban las tribunas y se inclinaban hacia el juego para captarlo en toda su intensidad y hasta abrían agujeros en la multitud para no perder alguna minucia atrayente o maniobra expectante.
*Fragmento extraído de “Anales del fútbol rosarino” (primer tomo), de Cipriano Roldán. Año 1959. (Pag. 3)


Innovaciones en el fútbol*


En los primeros tiempos del fútbol, el juego era muy rudimentario. Se practicaba sin orden, con el único fin de pegarle a la pelota y correr un rato. La táctica predominante entre los “boys” del Rosario Cricket Club (que luego pasaría a ser el Rosario Atlético), era la gambeta. Cada jugador hacía con la pelota lo que mejor le venía en gana, hasta que se la quitaban. Recién en 1871 se adoptó la formación de cinco delanteros, tres medios, dos defensas y un guardavalla.
Mientras tanto se iban registrando novedades. Llegaban, en 1874, unos artefactos raros: las canilleras, que ese año empezaban a usarse para contrarrestar los efectos de los golpes en las piernas.

Todo el juego quedaba sujeto a la mejor predisposición de los jugadores, cuestión de buena voluntad, espíritu deportivo y relaciones amistosas. El juez no usaba silbato, por eso, ordenaba sus sanciones a gritos.
Se observaba, al mismo tiempo, otro detalle interesante. Hasta entonces, los muchachos que jugaban en la cancha de Salta y Buen Orden, cambiaban de arco después de cada gol. En 1875, por primera vez, se pone en práctica el trueque de vallas recién al término de cada período. Se asistía a transformaciones que iban dando clara fisonomía al juego. Ese mismo año se adoptó el travesaño para el arco en las canchas de fútbol.

 

¿Cómo eran antes las vallas? Entre poste y poste se extendía una cinta o una soga. Llegado 1878, los árbitros que dirigían los encuentros comenzaban a usar el silbato. Además, en ese tiempo, el “throwin” se ejecutaba con una mano. Recién en 1882, comenzaban a tirarse las pelotas con ambas manos. A la sazón realizaba el “throwin” el jugador que primero recogiera la pelota cuando salía de la cancha.

En 1891, los guardias de la aduana, se asombraban y preguntaban: “¿qué es esto? ¿Son redes para la pesca acuática? ” La red del gol no se conocía; llegaba por primera vez a Rosario. Las había inventado Mr. Brodle, en Liverpool, y habían sido patentadas el año anterior.

Otra novedad: dentro de la zona peligrosa comenzaba a cobrarse el penal. El arquero se enfrentaba sólo con el jugador que ejecutaba la pena desde los doce pasos. Hasta entonces, dentro de la zona, una infracción se venía castigando con un tiro libre, igual que en cualquier lugar de la cancha.
*Fragmento extraído de “Anales del fútbol rosarino”, de Cipriano Roldán, 1959 (págs. 10 y 11.)


Algo de historia sobre los primeros presidentes.

En los primeros diez años, desde 1889 hasta 1900, se alternaron los nombres de Salder, Chamberlain, Lucas, Green, Calder, Hoper, White y otros entre la presidencia y la secretaría del club. El Central Argentine Railway Athletic Club fue fundado por once integrantes, camaradas y amigos empleados del Ferrocarril. La amistad existente entre esos hombres jóvenes y animosos hizo posible la prolongación de la vida de la entidad. Una prueba del cariño que le tenían a la organización fue que a pesar de haber tenido que andar “de un lado para el otro” para conseguir una cancha, nunca se desanimaron y llevaron adelante la práctica del fútbol. Ellos fueron los primeros que impulsaron a los criollos a sumarse a este deporte: llegaron a ser los pioneros de esta gran pasión argentina.
William Taylor Paul.

Presidente del Central Argentine Railway Athletic Club en 1901. Algunos cuentan que llegó a ocupar el cargo por ser uno de los infatigables colaboradores de Mr. Calder. William era también funcionario del Ferrocarril. En 1889 –secundado por alguno de los once jóvenes– logró que la entidad siguiera trabajando fuerte. El gordo Cantón y Pupplet también trabajaban con esfuerzo.
Se sabe ciertamente que –bajo la presidencia del Sr. Taylor Paul– se siguió trabajando con la voluntad de siempre.

Se jugaba cada domingo un partido, teniendo como jugadores a la mayor parte de los directivos. Consiguió, con la ayuda de Russell, que las autoridades del Ferrocarril le cedieran un terreno mayor. Y, por aquel entonces, Lucas donó una gran cantidad de dinero.

En 1893 –cuando la empresa de Ferrocarriles les sacó el terreno para agrandar sus instalaciones– tuvieron que buscar por otros medios un lugar donde poder instalarse. Así apareció un señor llamado H. Ollendorf –caballero inglés radicado en el barrio de Talleres– que les cedió un magnífico terreno. Casualmente estaba ubicado cerca de la farmacia Británica del señor Taylor Paul.
El señor Williams logró afiliar a cuarenta y siete personas.
Mr. J. Muhall.

Presidente de la institución en 1902 y, nuevamente, en 1903. Cumplió su primer período en forma tan satisfactoria que, en asamblea general, los socios lo vuelven a votar para el año siguiente.

Hizo crecer el número de socios y logró que se jugaran los partidos con más frecuencia. Era una persona muy activa y capacitada que realizó mucho por el crecimiento del club.

Por esos años se había rematado el terreno del señor Ollendorf, por lo que tuvieron que buscar otro terreno. Consiguieron un terreno ferroviario cerca del cruce Alberdi actual.

También, bajo su presidencia, el club cambió de nombre en una asamblea de más de cien personas. La fecunda actividad del Sr. Mulhall y sus compañeros había sido fructífera.








Rosario Central Aldosivi
Domingo 30 de Abril del 2017 - 17 Hs TV - Gigante de Arroyito - Arbitro: Patricio Loustau


Rosario Central 1 Cañuelas 0
Martes 25 de Abril del 2017 - 19 Hs TV - Santa Fe - Arbitro: Ramiro López


Rosario Central 2 Gimnasia LP 1
Sábado 22 de Abril del 2017 - 20.30 TV - Gigante de Arroyito - Arbitro: Fernando Echenique


Temperley 1 Rosario Central 2
Lunes 17 de Abril del 2017 - 19 Hs TV - Temperley - Arbitro: Silvio Trucco


Rosario Central 2 Atlético Tucumán 1
Viernes 07 de Abril del 2017 - 21.15 TV - Gigante de Arroyito - Arbitro: Germán Delfino


Sarmiento 2 Rosario Central 2
Domingo 02 de Abril del 2017 - 17.15 Hs - Junín - Arbitro: Jorge Baliño


Rosario Central 1 Tigre
Sábado 25 de Marzo del 2017 - 16 Hs TV - Gigante de Arroyito -


Quilmes 0 Rosario Central 1
Viernes 17 de Marzo del 2017 - 21.10 TV - Estadio Centenario -