Carlos Timoteo Griguol

Carlos Timoteo Griguol es uno de los nombres importantes que tiene la historia de Rosario Central. Primero se desempeño como jugador a fines de los sesenta y luego como director técnico en dos ocasiones, puesto desde el que consiguió el Torneo Nacional 1973 con el "Canalla".

Nació el 4 de septiembre de 1936 en Las Palmas, provincia de Córdoba. Forma parte del grupo selecto de jugadores que vistieron la camiseta de Rosario Central y luego se calzaron el buzo de entrenador auriazul. Como jugador, desempeñándose como mediocampista central, debutó en 1957 con Atlanta; su llegada a Rosario Central fue en 1966 y su paso por Arroyito duro tres temporadas. Su debut con la casaca "canalla" fue el 6 de marzo de 1966 en la victoria 1-0 ante Lanús. En total disputó 138 partidos en el conjunto rosarino y convirtió 13 goles.

Como entrenador se inició oficialmente en Central en 1973, año en el conseguiría ganar el Torneo Nacional (el segundo título de la historia del club). Aquel plantel campeón fue conocido como "Los Picapiedras de Griguol" por sus características de juego rústico y defensivo pero efectivo a la hora de atacar. Su primer paso como técnico "canalla" duraría dos años más, y el segundo se desarrollaría entre 1977 y 1978. Actualmente no dirige desde 2004 pero es recordado por los hinchas "canallas" por sus épocas gloriosas en Arroyito.

Esta es la historia de Timoteo, relatada por Buqui Vatalaro (canalla.com):

Apareció en Rosario Central en 1.966 provocando una gran expectativa. Había costado $ 7.500.000 m/n que recibió Atlanta por su pase, siendo la suma más alta pagada ese año por el club. Los años que jugó Carlos Timoteo Griguol vistiendo nuestra camiseta, confirmaron su característica de jugador con una gran personalidad y permanente rendimiento deportivo. Tal vez nunca un sobresaliente, pero jamás un aplazo.

 

Jugaba de cinco, ese cinco de antes, el dueño de la cancha. Parecía viejo aún siendo joven. Alto, flaco y huesudo. Fuerte como un roble, trotador, de marca férrea y de incansable trajín durante los noventa minutos. Este tipo mandaba en la cancha, te lo puedo asegurar. Como dije antes, nunca un diez pero nunca un aplazo; siempre el mismo nivel, muy regular, muy eficiente. Aún hoy conserva su graciosa tonadita cordobesa. Le dicen "El Viejo", para nosotros, en cambio, es "El Inmortal Timoteo".

 

Cuando llegó Enrique Omar Sívori a dirigir la primera de Central, no sé por qué extraña causa no lo quiso en el equipo. Por ese entonces, Vesco se "recibía" de presidente tras un prolongado proceso como hincha; le pidió a Timoteo que se quedara, como adivinando el camino de éxitos que el destino le tenía reservado al cordobés para cuando dejara la Nº 5 y se calzara el buzo de DT.

 

Empezó como tal en nuestras divisiones inferiores. Su avasallante personalidad y la libertad que le otorgaron los dirigentes para hacer su trabajo, llevaron a Timoteo a armar pacientemente una estructura propicia para que, algún día, todos los equipos de Rosario Central, cualquiera fuese la división en que jugaren, tuviesen una característica bien definida, un sello de distinción, un estilo futbolístico.

 

A algunos -o a muchos- con el tiempo no les gustó; como quizás no les siga gustando ahora. A Timoteo le costó mucho conciliar sus predilecciones con la turbulencia de Aimar o el desconcertante despliegue de Cabral. Pero se consiguieron resultados inmediatos; y, a la hora del festejo del segundo título grande en la historia profesional, que llegó de la mano de Timoteo, se apagaron las críticas y así emergió victoriosa y exaltada la figura del técnico, a quien acompaña, desde entonces, un cantito tribunero y bien canalla nacido tras los triunfos obtenidos a expensas de los municipales del parque: "Si Timoteo dirige la batuta, para que baile la lepra h ... de p...

 

Muy poca gente hizo tanto como él por Rosario central, lo aseguro. Desde dejar una infraestructura que aprovecharon quienes le sucedieron hasta lograr un título profesional: Por eso, y por mucho más, el sello de Timoteo quedó estampado a fuego y definitivamente en Rosario Central.

 

El paso de jugador a técnico, que para muchos puede ser traumático, para este querido cordobés amable, serio, circunspecto, pareció como un juego. Dirigió a algunos de los muchachos que habían sido sus compañeros de equipo, quienes lo respetaron y sintieron de inmediato que Timoteo era su director técnico. Exigente como nadie, observador como pocos, aguantó en 1.974 el fuego cruzado de todos los canallas que clamaban por la presencia en el primer equipo de Marito Kempes. Había costado una fortuna y Timoteo lo tenía en el banco alternando tramos de cada encuentro con Carril o Aricó. Timoteo permanecía impasible; a quien quería oírlo le explicaba las abismales diferencias que había entre jugar para Instituto de Córdoba y Rosario Central; las menores exigencias técnicas y físicas que se requerían para ser figura en un torneo de la Liga Cordobesa y las crecientes demandas que debían cumplirse para triunfar en el fútbol profesional. Timoteo lo fue introduciendo de a poco en el ritmo profesional de Central; mientras tanto lo "mataba" en los entrenamientos hasta lograr que Marito, ese fenomenal atleta y eximio jugador canalla, quemó todos los kilos que trajo de más. Todos sabían y Timoteo más que nadie que Marito Kempes, puesto en forma, era un jugador excepcional. Sólo había que colocarlo en la mejor condición para mostrarlo. Y Marito Kempes -Timoteo mediante- lo logró.

 

Aún cuando muchos aficionados discuten, todavía hoy, el estilo de Timoteo una cosa es evidente: jamás se podrá negar su capacidad, sabe muy bien su oficio, en el que siempre se está perfeccionando. Conoce a fondo todas sus tareas y estudia siempre el medio en el que se desenvuelve. Es un buceador en las mentes de los jugadores, un "psicólogo", también del hincha y hasta del dirigente. Nada deja librado al azar y los resultados están a la vista, donde juega un equipo de Timoteo ni hace falta nombrar a su técnico, sólo basta con observar el estilo y el éxito del equipo.

 

Los Canallas sólo debemos echar una mirada a la década de los años 70 para apreciar el trabajo de Timoteo en Central. Serio, honesto, responsable, de convicciones sólidas, con réditos en poco tiempo y saldos positivos en el largo plazo como ocurre cada vez que se planifica una tarea con idoneidad.

 

Timoteo, un correcto jugador, gran técnico y mejor persona, merece el reconocimiento de toda la hinchada centralista por todo lo que hizo y hará, más allá de la obtención de aquel título de campeón del ´73 con "Los Picapiedras". Por eso quise escribir sobre él, dejar en esta galería el espacio que su capacidad de hombre íntegro y verdadero profesional se merecen con exceso.

 

Agradezco su paso por nuestra casa, que he disfrutado tantísimo en mi juventud, y le doy la bienvenida con mi más íntimo deseo de éxitos resonantes en lo personal y en lo deportivo en esta nueva gestión que encara de la mano de todos quienes lo recordamos y queremos como merece.

 

Por eso queridos Canallas: "Si Timoteo Dirige la Batuta..."




 

 

 





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