mio Arriba Central -- Club Atlético Rosario Central


Cuarta Parte  
Historia del Club





Desde 1914 en adelante, el Club Atlético Rosario Central marcó momentos gloriosos. Por esos tiempos afirmó su superioridad por sobre todas las demás instituciones rosarinas y mostró a la ciudad cómo todos sus esfuerzos comenzaban a dar sus frutos. Nadie podía parar al campeón que año tras año derrumbaba a cualquiera que se animaba a desafiarlo. Su vitalidad atraía a miles de personas que lo seguían a donde fuera, siempre alentándolo y acompañándolo en cada desafío. Central crecía como un niño vigoroso y valiente que no le temía a nada ni a nadie, e iba haciendo del fútbol –momento a momento– un arte ingenioso. Pronto levantaría las paredes que lo iban a resguardar para siempre, y así sí, cuando tuviera su lugar propio, ya nadie lo pararía.

Se unen los clubes rosarinos

El año 1914 comenzó con un buen augurio para el fútbol local: volvían a fusionar sus fuerzas todos los clubes de Rosario, en una sola corporación. La Liga, poco tiempo antes, había presentado indicios de querer cambiar y hacer un giro en su trayecto. Alejandro Barruti y Luis Lehman habían hecho público, por ese entonces, un proyecto que provocaría asombro. Proponían, por primera vez, que la Liga se independizara de la Asociación Argentina y que el fútbol rosarino uniera sus clubes nuevamente. Dejaban bien en claro que su intención no era la de menoscabar la importancia y los méritos de la Asociación, sino, simplemente, hacer de la Liga una institución sólida que pudiera ser una potencia dentro del fútbol argentino. Siempre ponían el acento en que la finalidad del proyecto era la de beneficiar al deporte rosarino, pero, a pesar de ello, el gran sueño sería denegado. Por la tanto, el fútbol rosarino seguiría siendo –por unos cuantos años más– dependiente del porteño.
Por suerte, una de las peticiones de Berruti y Lehman pudo dar sus frutos. El 14 de abril se restableció la calma en el fútbol local y los clubes de la Federación retornaron a la Liga después de haber firmado el armisticio –el 3 de ese mes–. El viejo y glorioso Central regresó a la organización madre y con él se sumaron San Isidro y Dublín.

La separación fue fructífera

La separación no había conseguido buenos resultados. Un deporte que se estaba gestando necesitaba de las garras de todos sus amantes, no de la división de los mismos. La desintegración había disminuido el buen juego de los combinados que no podían reunir a todas las potencias de la ciudad en un único e invencible plantel. El público también tendía a distribuir su cariño futbolístico entre uno de los dos organismos, y de esta forma los encuentros perdían el furor anteriormente conquistado. Se notaba la falta de la ya popular contienda que encendía pasiones: los clásico Newell’s-Central. Por esos motivos las recaudaciones empezaron a bajar y ambas corporaciones, como los clubes que representaban, no mostraron grandes progresos. Por todo esto, el retorno de todos los clubes a la primera corporación marcaba claramente que el fútbol de Rosario luchaba por mejorar y por imponerse como uno de los mejores exponentes de este viejo y querido deporte.


Central y Newell’s, campeones

A pesar de todos los inconvenientes del año anterior, Central había mostrado nuevamente su superioridad saliendo campeón del torneo organizado por la Federación. Los polos deportivos estaban bien diferenciados y muestra de ello fue el triunfo de Newell’s en el campeonato organizado en 1913 por la Liga Rosarina. Ambos equipos seguían siendo ejemplos de este deporte.
1914 y la emigración a causa de la guerra.


En fin, corría el año 1914. El 1º de marzo había muerto Jorge Newbery, caído con su imponente “Morane” en el campo mendocino de los Tamarindos. La pérdida del pionero de la aeronáutica había dejado al pueblo angustiado. Ese año, fue de tristezas para el mundo entero. La primer Guerra Mundial hacía sonar sus estruendosas balas en todo el planeta. La ciudad de Rosario albergaba, por aquella época, a miles de inmigrante europeos que trabajaban en las más variadas ramas de actividades.

 

Empresas de gas, constructoras, de electricidad, ferroviarias, de teléfonos, de agua corriente, compañías navieras, casa bancarias, puestos de mercados, vendedores ambulantes, artesanos, etc... La angustiante noticia trasladó a muchos de esos europeos a sus países de origen para luchar por sus respectivas banderas en la horrorosa guerra de este nuevo siglo. Otros se quedaron anclados en esta tierra que los había alojado tiempo atrás, y algunos lograron irse y luego volver cuatro años después. Otros, directamente, no pudieron regresar. Rosario era hermana, por así decirlo, de muchos países del Viejo Mundo, ya que sus habitantes mantenían lazos de sangre con aquella lejana tierra. La ciudad sufría terriblemente lo que estaba pasando y se preguntaba, asombrada, cómo el ser humano había llegado a generar tanto odio y a desencadenar tan sangrienta y descarnada batalla.

Este suceso acarreó consigo cambios en el fútbol de la ciudad. Muchos integrantes de las instituciones deportivas tenían ciudadanía inglesa y retornaron a su patria a combatir en la Primera Guerra Mundial. De esta forma muchas instituciones fueron perdiendo a sus directivos y socios, y esto las fue desmoronando de a poco.

Homenaje a Newbery

A pesar de tanta amargura, el fútbol continuaba su rumbo, concretamente establecido. El 19 de abril, en una brillante y tibia tarde rosarina, mucha gente estaba congregada en la cancha de Argentino. Ese día se iba a jugar un partido entre seleccionados de Rosario y Buenos Aires a beneficio del monumento a Jorge Newbery. Grandes familias habían llevado sus vianditas para pasar la espléndida tarde al aire libre y hasta estaban presentes el intendente O. Meyer y el jefe de la policía D. J. R. Rodríguez.

 

El plantel rosarino estaba integrado por: José Arialdi; Zenón Díaz (capitán) y Florentino Varni; Juan Jhonston, Victorio Revilla y Ernesto Faggiani; Conrado Grieshaber, Manuel P. González, Harry Hayes, Carlos Guidi y Horacio Manley. Se jugó entonces un partido de gran calidad, destacándose el equipo local por 3 a 1.

 

La recaudación fue fructífera: $ 1.583,65, que se donaron al presidente de la comisión “Pro monumento a Newbery”. Se cuenta que para el acontecimiento la cancha de Argentino fue prestada gratis; que el Hotel Savoy cedió alojamiento a todos los jugadores porteños; que se puso un tranvía a disposición de la Liga para el traslado de los jugadores y que regalaron pasajes con cama incluida para que la selección de Buenos Aires viajara de ida y de vuelta a la Capital.

Un año victorioso para Central

Una semana más tarde se dio comienzo al campeonato Vila.
Rosario Central, por esa fecha, realizó un encuentro con el team del “Olimpic” que habían llegado a la ciudad de Rosario a bordo de un crucero inglés llamado “Glasgow”. En realidad el resultado del encuentro –3 a 2 con la victoria de los ingleses– poco importaba al club centralista que, en su afán de superarse, tenía su mira en el próximo encuentro con su clásico rival. Lo cierto es que se dice que aprovechó el partido jugado para entrenar a sus once integrantes con el fin de enfrentarse a Newell’s Old Boys con todas sus fuerzas.

Finalmente llegó el día esperado. Hacía mucho tiempo que no se disputaban los grandes clásicos rosarinos. Los amantes del deporte estaban ansiosos como hacía mucho tiempo no se los veía. Toda la semana se había sentido la impaciencia en los bares y en las charlas de los fanáticos que se mordían los dedos ante la interminable espera. Entonces, el 25 de mayo –coincidiendo con la conmemoración del Primer Gobierno Patrio–, la cancha de villa Sanguinetti se vio colmada de fervorosas y entusiastas personas que se amontonaban para ver el partido.

 

Los que estaban escasos de dinero se subían a los vagones más cercanos o se concentraban en las proximidades del campo. La verdad es que nadie se perdió el gran partido. El poderoso equipo auriazul estaba formado por Serapio Acosta; Zenón Díaz e Ignacio Romeo Rota; Pablo Molina, Alberto Ledesma y Juan Díaz; Tomás Flynn, Antonio Blanco, Harry Hayes, Ennis Hayes y Fidel C. Ramírez.

 

Para mayor alegría del equipo auriazul la victoria fue rotunda y el equipo superó a su rival por 6 goles contra 0. Con el último chillido del silbato toda la tribuna orgullosa entró a la cancha y alzó a sus ídolos victoriosos. Esa noche Arroyito fue una fiesta. Todo el mundo sabía que Rosario Central sería ese año el mejor equipo del campeonato. Esa conquista abrió las puertas de un destino impecable que le tocaría vivir al club más popular de la ciudad.

Ese año fue increíble para Central. Hizo una cantidad record de goles y derrumbó a cuanto equipo se enfrentaba. El resultado de su buen juego mostraba goleadas, por ejemplo, de 11 tantos contra 1 en un partido contra Aprendices Rosarinos. También tuvo la alegría de volverle a ganar a Newell’s por 5 goles contra 2. Y de esta forma ya era indiscutiblemente el nuevo gran vencedor de la copa Vila, pero su orgullo era doble: ¡había salido campeón invicto nuevamente!

Mala jugada para Henry Hayes

Pero en aquel entonces, hubo un único suceso que desalentó al equipo auriazul. En el partido jugado contra Aprendices Rosarinos, Central lo goleó de manera sorprendente. Tal vez llevado por la bronca, el defensor J. Domínguez Arias –uno de los jugadores del equipo perdedor– noqueó a Harry Hayes, como respuesta a una burla suya. En ese momento Hayes empezó a cubrirse de sangre y calló redondo al piso.

 

Sin conocimiento, fue trasladado a hospital, donde descubrieron que tenía conmoción cerebral. El encuentro se suspendió. El caso era demasiado grave. Todos los jugadores del equipo centralista abandonaron el campo, ya que se negaron a continuar el partido. Al jugador agresor lo expulsaron de por vida y Aprendices decidió ceder sus puntos. El suceso mostró claramente la otra cara del fútbol, la violencia que tantas veces asomó detrás de los estadios..

Central y la gran campaña de 1914

Y de esta forma, entre festejos y desconsuelos, Rosario Central había salido campeón por segunda vez y esa victoria sería la primera de una seguidilla imparable. El equipo auriazul tenía un potencial notable que lo hacía superior a todos. Entre sus filas figuraban la mayoría de los cracks internacionales de Rosario que hacían del singular juego centralista un arte con técnicas propias. El equipo innovaba en un tipo de juego en donde los integrantes trabajaban en forma conjunta, todos por igual, haciendo del grupo el mejor de todos.

 

El estilo propio de este club señalaría el camino a seguir de muchas instituciones y abriría las puertas para una era espléndida del fútbol rosarino. Los personajes de esta gran obra fueron: Serapio Acosta; Zenón Díaz e Ignacio Romeo Rota; Juan Díaz, Alberto Ledezma y Pablo Molina; Federico Flynn, Antonio Blanco, Harry Hayes, Ennis Hayes y Fidel C. Ramírez. Tomás Flinn –hermano de Federico– varias veces integró el plantel, y sería uno de los grandes jugadores de la historia centralista.

Este plantel invencible jugó 20 partidos, ganó 19 y empató solo 1. Tiro Federal tuvo el honor de quitarle el único punto en un empate 4 a 4. Marcó 99 goles y tuvo en contra sólo 10. No hay que dejar de mencionar que Harry Hayes marcó de esos 99 goles 51. La campaña de Central fue entonces inolvidable. La grandeza de este club que tiene los colores del cielo y del sol se podía observar en todos los niveles: obtuvo –además de la copa Vila y la de Damas de Caridad con su equipo de primera– la Copa Pinasco, con su equipo de segunda división.

Como último acontecimiento del año, este grande decidió visitar Cañada de Gómez para jugar un amistoso. La localidad estaba de fiesta ante la visita de un club que muchos tomaban de ejemplo. Los recibieron con entusiasmo y esa tarde una gran cantidad de público asistió a ver el partido. La superioridad de Central era notable, pero no importaba. Lo más interesante fue verlo jugar. De esta forma, Central iba sumando adeptos en todas partes. Ya no cabía duda alguna de que era el mejor team rosarino.

Más años de conquistas

Con su merecida corona de laureles Central comenzó un nuevo año. 1915 sería también otro período victorioso para este gigante. Sin dar un solo retroceso, pateó con fuerza hacia delante y obtuvo de su inigualable esfuerzo varios premios más. El campeonato era suyo nuevamente con 19 partidos ganados sobre 21 jugados y –como si esto fuera poco– los dos restantes empatados. Desafiante, el más grande de todos, se mostraba invicto otra vez. En una oleada de 104 tantos, sólo se podían restar 4 goles, 2 convertidos por Belgrano y otros 2 por Central Córdoba
Como certificado de su magnificencia, Central obtuvo ese año el título de Campeón Argentino, derrotando al finalista, el equipo de Racing, en el torneo por la copa Ibarguren por 3 goles contra 1.

 

Ese año los ídolos fueron: R. Moyano; Z. Díaz y I.R. Rota, E. Rigotti,, E. Blanco, J. Perazzo, J.M. Barbieri, A. Blanco, J. Laiolo, E. Hayes y A. Woodward. El admirable plantel tuvo el agrado de vencer a Newell’s en los dos clásicos del año por 6 goles contra 0 en ambos partidos.
Rosario Central avanzaba a pasos agigantados, con la cabeza muy en alto, derrochando su superioridad. En el año siguiente, el club cambió de presidente, y fue elegido Don Tomás Flynn –que había sido jugador en la primera de Provincial–. Un ferviente colaborador por esos años fue el Sr. Kehoe.


La campaña de 1916 fue tan buena como la anterior, y otra vez los auriazules se consagraron campeones invictos. Marcaron 60 goles y sólo le hicieron 8. Ganó todos los partidos, excepto uno que empató con el difícil Tiro Federal. En los clásicos volvió a imponerse como el mejor, goleando a su intrincado rival primero por 4 a 0 y luego por 6 a 0. El poderío de Central era tal que varios clubes aceptaron la derrota de antemano, cediéndole los puntos. Entre ellos, Central Córdoba, Gimnasia, Provincial, Rosario Atlético y Nacional que proporcionaron sus puntos en la segunda rueda.


Los únicos descansos que se permitió el club centralista en ese año fueron una derrota frente a Nacional de Montevideo por 6 a 1 perdiendo la copa de Honor en el último encuentro, y otro fracaso contra Peñarol de Montevideo –también en la final– en el torneo Competencia, en cancha de Racing, donde perdió por 3 a 0. En ese mismo torneo le había ganado a River Plate por 3 a 2 y a Independiente por 2 a 1.


Llegó 1917. Ese año fue particular en tanto que terminó con la grandiosa seguidilla de victorias. Si bien salió vencedor de la copa Vila –como lo había venido haciendo hacía varios años– esta vez perdió el invicto. En un único partido salió vencido, pero Tiro Federal siempre había resultado ser un competidor de nivel. Los goles fueron 4 a 0 y de esta forma ganó Tiro el único partido perdido de todos los que jugó Central.

Ultimo nacional de H. Hayes

Por aquellos años, Henry Hayes –después de una arrolladora carrera– jugaba su último y definitivo partido internacional. Este hombre había sido uno de los mejores integrantes del equipo auriazul. En toda su historia como jugador –algo más de 10 años– había sudado la camiseta, corriendo tras la pelota argentina infinidad de veces. Había lucido la casaca blanca y celeste en 40 partidos o más en toda su vida. Hayes era un verdadero orgullo para el club.
Central se toma un año sabático

Al final de 1917, Central había jugado 16 partidos perdiendo sólo 1. Con una suma de 57 goles y 13 en contra. El año que siguió no tuvo los mismos resultados que los anteriores, Central dejó que su imperio se derrumbara, pero no por mucho tiempo. La derrota no importaba demasiado, ya que en su ingeniosa cabeza se estaban gestando nuevos propósitos que en poco tiempo aflorarían y mostrarían a un Rosario Central bien constituido. Ese año fue elegido un nuevo presidente, el Sr. Federico Flynn, que ocupó la dirección varios años, haciendo una campaña incansable. Estuvo en ese cargo hasta el año 1920.
Otra vez campeón

En 1919 el campeón volvió a imponerse. El torneo fue difícil puesto que Newell’s había resurgido de las tinieblas de los años anteriores. Tal es así que, llegado el final del torneo, ambos equipos se presentaron invictos al último partido. Los dos planteles habían conquistado todos los encuentros jugados hasta entonces, y en los clásicos de ese año salieron empatados mutuamente. El encuentro final fue intenso y muy esperado entre todo el pueblo rosarino, que hacía bastante había dividido sus amores entre estos dos clubes. El estadio estaba repleto. Hacía horas que un griterío ensordecedor se había instalado en la cancha. La expectativa y la ansiedad se acumulaban en el ambiente minuto a minuto, hasta que por fin sonó por última vez el silbato del árbitro y la hinchada –con sus colores del cielo y del sol bien en lo alto– dio el suspiro vencedor. Rosario Central había ganado por 3 a 2 y más todavía, había salido campeón.

El júbilo duró varios días y la adrenalina corría sin parar por el cuerpo de los simpatizantes centralistas. A partir de entonces los encuentros volvieron a cargarse de agresiones y violencia. El club tuvo que rendir cuentas ante la Liga muchas veces y las discusiones sobre el tema ya se hacían insostenibles. Nuevamente se enfrentaban los intereses de la corporación y de este grande que finalmente decidió volver a separarse en 1920.

Se crea la Asociación Amateur, de vida muy efímera

Una nueva década se abría en la historia de Rosario Central. En este período se unieron Gimnasia y Esgrima, Nacional, Sparta y F.C. Santa fe a la decisión tomada por Central y juntos formaron la Asociación Amateur. En el año 1921 asumió el Sr. Kehoe como presidente del club centralista y se mantuvo en ese cargo por un año.

Esa Asociación tuvo una vida efímera y se disolvió en 1922. De esta forma Rosario Central volvió a tomar contacto con la Liga en donde iba a permanecer no por mucho más tiempo.

El año1923 fue también un período de conquistas para Rosario Central, que ganó nuevamente la copa Vila.

Rosario Central, el grande

En fin, todos estos años fueron gloriosos para el club canalla. Victoria tras victoria fue aplastando a todos sus rivales y demostró ser, indiscutiblemente, el más grande. Su estilo de juego era ya un prototipo para muchos, había impuesto maneras propias de correr tras la pelota. Era el ejemplo de los clubes más pequeños y producía envidia hasta en los más formados. Comprobó que hasta su más temido rival le debía respeto y que podía formar rancho a parte si se lo proponía.

Pero aún necesitaba algo fundamental para poder afirmar para siempre su fútbol en la ciudad: su lugar, su estadio, un espacio que lo albergara y le diera las comodidades para desarrollar al máximo sus posibilidades. Esa era la idea que se estaba gestando entre los miembros del prestigioso club. Eso era lo único que le faltaba y en muy poco tiempo vería a su sueño hacerse realidad...



Historia sobre los presidentes de Central en esos años.

Tomas Flynn


Fue presidente desde 1916 a 1917. Era el hermano de Don Federico Flynn y durante su gestión se destacó por ser un deportista cabal. Junto a él, Federico J. Flynn ocupó el cargo de secretario de la entidad.

En los dos años que estuvo de presidente le tocó vivir momentos sobresalientes del fútbol centralista, donde gestó páginas inconfundibles de glorias y grandezas. En esa época de oro surgieron proyecciones magníficas, con valores deportivos sobresalientes, que otorgaron a Rosario Central –juntamente con los ricos antecedente del pasado– categoría de institución sobresaliente. Central –pionero indudable– enriqueció por esos tiempos los valiosos matices del fútbol nacional.

Ya tenía entonces la institución centralista sus pantalones largos. Su número societario era basto y su capital mostraba por aquellos tiempos una verdadera potencialidad.

Federico J. Flynn

Fue presidente desde 1918 a 1920. Habiéndose desempeñado como secretario de su hermano en las dos últimas gestiones presidenciales, le fue relativamente fácil llevar hacia delante la pujante trayectoria del club. No sólo se mantuvieron las glorias conquistadas hasta entonces, sino que en estos tres períodos se gestaron otras. Aumentó el número de socios y creció su capital social.
Fue un deportista íntegro, tuvo una participación exitosa como un buen jugador en divisiones inferiores al principio y en las superiores más tarde.
Sabía de las necesidades del fútbol, apreciaba todo lo concerniente al deporte y contaba con la estimación y confianza de sus compañeros y amigos, de modo que halló apoyo total por parte de quienes como él sólo pensaban en la grandeza amplia de Rosario Central.

N.S. Kehoe

Desarrolló su presidencia durante los años 1921 y 1922. También fue un hombre ampliamente conocido como deportista íntegro y dotado de singulares condiciones. Como caballero de bien, estaba asociado a la entidad desde varios años atrás. Tomó en sus manos hábiles la generosa marcha del instituto, imprimiéndole de a poco un fuerte impulso y realizó toda clase de gestiones tendientes a lograr adelantos y mejoras que incentivaron el crecimiento de la entidad.
Puede decirse sin temor a errores que durante sus dos presidencias, el Sr. Kehoe supo encausar por rumbos alentadores al club. Se notó en ese lapso una basta inquietud societaria respecto al porvenir de grandeza definitiva que ya estaba llegando en la vida de Central.


Algunas anécdotas.


La viveza de la Hayes


Pero... ¿qué fue lo que le ocurrió a Molinari? Simple. Ennis lo tomó bien fuerte de la cintura y le impidió saltar. El partido terminó 5 a 0 con el triunfo de central.
Qué tiempos aquellos


Parece extraído de un cuento de hadas, pero fue realidad. En el acta 55, del 31 de enero de 1919, estaba asentado que: “Teniendo en cuenta la proximidad de la iniciación del torneo, y como Central no tiene aún en condiciones su cancha, espontáneamente y en un gesto amistoso que lo enaltece el Club Atlético Newell’s Old Boys ofrece a Rosario Central el uso de su campo”, ya que, la cancha centralista era reducida y se la estaba reformando. Ante semejante gesto, la Asamblea de Rosario Central decidió enviarle al club una nota en agradecimiento por tan generosa iniciativa.

Si Ennis no se hubiera descuidado

Uno de los guardavallas más importantes del país fue sin lugar a dudas Serapio Acosta. Era una de las glorias deportivas dadas por Rosario Central al fútbol nacional.

Acosta, en sus tiempos, era verdaderamente insuperable, ¡Lástima que era muy amigo del Dios Baco...! Sus compañeros sufrían cada vez que se acercaba un partido importante.

Allá por el año 1914 –hallándose Serapio en la mejor de sus formas–, el equipo auriazul debía enfrentarse nada más y nada menos que con Newell’s. Entonces, los muchachos centralistas decidieron cuidarlo día y noche para evitar que se acercara a la botella. El diario “La Nota” decía entonces: “Serapio Acosta está concentrado. No lo dejan ni a sol ni a sombra. El gordo Rota está de sereno.”

Cuando llegó el día del encuentro, el arquero se hallaba en un estado físico envidiable. Pero, a mediodía, cuando nadie podía suponer algo fuera de lo común, el inglés Ennis que estaba de guardia se fue a almorzar. Fue un descuido fugaz, muy fugaz... Entonces, ¡Serapio aprovechó para hacerse una escapadita...! Y así, sobrevino la tragedia. Rato después, entró a la cancha dicharachero y jovial. Al sonar apenas el silbato, Lito Ganzález lanzó un temible disparo... Serapio se tiró cuan largo era y fue a para contra uno de los postes. Primer gol rojinegro. Finalmente la derrota fue por 6 a 0 ¡y pensar que el gordo Rota estuvo de sereno toda la semana!

Un ídolo de los hinchas Centralistas

Se llamaba Ernesto Hayes, pero le decían Ennis, que era su nombre en inglés. Sin duda fue uno de los primeros “diablos” que hubo en el fútbol rosarino y en el del país. Ni su hermano logró realizar las diabluras de este pequeño rubio de ojos inquietos y piernas de goma. Eso de tomar la pelota y apilar a todo un equipo, amagarle hacia un lado a los arqueros y, al verlos en el suelo, sentarse sobre la pelota para incorporarse y recién entonces señalar el gol, no era oficio para todos. Pero Ennis lo repitió varias veces.

Llegó al club después de su hermano Harry, pero hubo momentos en que casi equiparó la fama de aquel tanto en Rosario como en el resto del país. El reconocimiento de su hermano no le sirvió como empuje, sino que se consagró por méritos propios. Cabe señalar que además vistió la camiseta de la selección nacional en varias oportunidades.

Sucedió en los tiempos raros de antaño, en la época maravillosa en que la virilidad del fútbol era parte de la heroicidad de muchos cracks. Jugaba Central contra Gimnasia en el campo de éste último. El gran candidato era el conjunto auriazul, pero la gran labor del arquero Araya y la brillante labor de Natalio Molinari hicieron que a Central se le complicara el partido.

Finalizó el primer tiempo sin goles. A poco de iniciarse el segundo, se producía un corner a favor del equipo centralista, pero poco podría pasar, porque Molinari era experto en juego aéreo. Entonces Hayes le habló al oído a su hermano Ennis y segundos después se acomodaron. Venía la pelota... Molinari estaba a punto de saltar y al querer hacerlo, notó que estaba como pegado al piso. La pelota pasó por sobre su cabeza, y fue conectada de manera brillante por Harry Hayes quien marcaba el primer gol del partido. Si bien hubo reclamos, el árbitro convalidó el gol porque nada raro había observado.

 








Rosario Central Aldosivi
Domingo 30 de Abril del 2017 - 17 Hs TV - Gigante de Arroyito - Arbitro: Patricio Loustau


Rosario Central 1 Cañuelas 0
Martes 25 de Abril del 2017 - 19 Hs TV - Santa Fe - Arbitro: Ramiro López


Rosario Central 2 Gimnasia LP 1
Sábado 22 de Abril del 2017 - 20.30 TV - Gigante de Arroyito - Arbitro: Fernando Echenique


Temperley 1 Rosario Central 2
Lunes 17 de Abril del 2017 - 19 Hs TV - Temperley - Arbitro: Silvio Trucco


Rosario Central 2 Atlético Tucumán 1
Viernes 07 de Abril del 2017 - 21.15 TV - Gigante de Arroyito - Arbitro: Germán Delfino


Sarmiento 2 Rosario Central 2
Domingo 02 de Abril del 2017 - 17.15 Hs - Junín - Arbitro: Jorge Baliño


Rosario Central 1 Tigre
Sábado 25 de Marzo del 2017 - 16 Hs TV - Gigante de Arroyito -


Quilmes 0 Rosario Central 1
Viernes 17 de Marzo del 2017 - 21.10 TV - Estadio Centenario -