mio Arriba Central -- Club Atlético Rosario Central


Segunda Parte  
Historia del Club





Con la llegada del nuevo siglo, el ya bautizado Rosario Central emprendió sus iniciales pero firmes pasos. Se presentaban en ese entonces ante su camino los primeros partidos y más aún: el gran rival que lo incitaría a mejorar su calidad de juego para enfrentar los grandes clásicos. Central fue uno de los primeros equipos que hizo surgir de su seno a heroicos hombres que harían historia manejando –con agudeza increíble para esos tiempos– la pelota sobre el césped.

Siempre con la fuerza que lo caracterizaba, Central impuso, con agilidad, sutilezas en el juego que empujaron a la formación de lo que luego sería el “gran fútbol rosarino”. Rompía con las leyes, innovaba, hacía de su estilo de juego un modelo a seguir que mostró sus resultados en partidos brillantes, con jugadores impecables. El siglo que comenzaba arrastró consigo gloriosos momentos para este grande, que ya tenía sus bases sólidas sobre el firmamento.

El renombre del club venía acompañado de otro suceso. En 1904, asumió como presidente R. W. Jackson. Bajo su dirección, el club se fue transformando en una gran institución. Por ese motivo, en 1905 los socios agradecidos mostraron su confianza al gran hombre y lo reeligieron para una nueva presidencia, donde lo acompañó como secretario Don Miguel Green.
Pos esos días se observaba –en las nuevas generaciones– la preferencia por los deportes al aire libre, suplantando cada vez más la niebla humosa de los billares y las confiterías. En el club se registraba, a cada momento, el aumento de socios y los partidos importantes se sucedían con mayor frecuencia. Por aquellos tiempos, se realizó un encuentro con Rosario Atlético, que le ganó a Rosario Central por 3 a

Poco después, el equipo centralista, visitó Córdoba y volvió victorioso tras haber jugado contra el Córdoba Athletic Club y Central Córdoba.
El club estaba entusiasmado. Esa sensación de adrenalina corriendo por el cuerpo lo motivaba, y constantemente buscaba nuevos rivales para poner en funcionamiento su juego. Los dirigentes de Rosario Central se contactaron con los del club Atlético Rosario para traer a la ciudad al equipo del Southampton. Existía entonces una cierta simpatía entre esas dos instituciones, que muchas veces realizaban prácticas conjuntas. Incluso, habían organizado un plantel con los mejores integrantes de ambos equipos, pero tuvieron que quedarse con las ganas de jugar ya que –por circunstancias de último momento– el partido no se pudo realizar.

A pesar de todo el equipo formado no había sido en vano, puesto que en 1905 se enfrentó con esa formación al Nottingham Forest, el primer equipo extranjero que visitó la ciudad. Finalmente ganaron los ingleses por 5 a 0.
En todos los rincones de la ciudad, en cada esquina, en cada terreno baldío, en cada descampado, en cada café, en el centro, en los suburbios, se sentían los rumores sobre algún club en gestación. Echesortu, Arrillaga, Eloy Palacios, Alberdi, Ludueña, Refinería, Saladillo, Arroyito, Empalme Graneros, Sorrento, Bella Vista, Tablada, Mataderos, Cinco Esquinas... Toda la cuidad unida por sus barrios mostraba un único límite: el de las zonas futboleras norte y sur. Este deporte se popularizó entonces a niveles inimaginables y herían época, por esos años, los partidos de combinados entre el norte y el sur.

De esta manera irían creciendo a la sombra del Rosario Atlético –el club más importante de la época– instituciones como las de Rosario Central, Newell’s Old Boys, Tiro Federal, Córdoba y Rosario, Embarcaderos, Gimnasia y Esgrima, Provincial, Sparta, Atlantic Sportsmen, Belgrano, Alberdi New Boys, Calzada, Rosario a Puerto Belgrano... Entre todos ellos se empezó a gestar la idea de una agrupación organizada, como piedra fundamental para impulsar, difundir y afirmar la estructuración del apasionante deporte del fútbol. Con el entusiasmo general y el impulso que llegaba de la Asociación Argentina de Buenos Aires, los rosarinos empezaron a intercambiar opiniones. Y finalmente, el 30 de marzo de 1905, en el Hotel Britannia –ubicado en la calle San Martín entre San Lorenzo y Urquiza– fue fundada la primer Liga Rosarina de Football. Los representantes de Rosario Central esa noche fueron el Sr. Green y el Sr. Postel. Como presidente de la Liga fue elegido Ricardo O. Le Bas; como secretario, J. H. Hudson, y como tesorero, Miguel Green.

Constituida ya la Liga, se resolvió que la Copa donada por el intendente Santiago Pinasco se disputaría perpetuamente. El club que venciera la tendría en su poder por una temporada, devolviéndola a la Liga cuando ésta la solicitara. Por otra parte, la Liga donaría una Copa al Club que hubiese vencido durante tres años sucesivos. Entonces, sólo faltaba una tarea: darle forma al campeonato. Lo primero que se fijó fue la fecha: el 21 de mayo. Lo segundo, la fiesta de apertura. Ansiosos, los clubes, comenzaron a prepararse para semejante evento.
Para nuestro club, el acontecimiento generó un gran entusiasmo, y no fue para menos: ¡el primer partido lo disputarían Rosario Atlético y Rosario Central! Y para mayor alegría de sus simpatizantes, fue ganado por este último con 3 goles contra 


La expectativa del torneo fue aumentando cada día y llegó a su punto máximo el 18 de junio de 1905. Por primera vez, se midieron las fuerzas de los dos clubes que serían clásicos rivales para siempre. Se enfrentaron, el equipo de “Talleres” y “los antiguos muchachos de Newell”; “Ñuls” ganó por 1 a 0. Central formó su equipo aquella tarde con A. Norris; A. Faggiani y H. Grant; J. Díaz, A. Ellison y H. Boan; Whortley, A. Vázquez, P. Hearnett, S. Hopper y P. Jones.
El alma popular se fue arraigando en aquellos clubes que ante los enfrentamientos mostraban cada vez mayor competitividad y más entusiasmo. Las inclinaciones de los “fans” se fueron repartiendo fundamentalmente entre los equipos de Rosario Central y Newell´s Old Boys. El otro gran club, Atlético de Rosario, tenía a sus aficionados distribuidos en las diversas actividades que realizaba: rugby, natación y atletismo. Newell´s y Central –con el correr del tiempo– fueron haciéndose cada vez más poderosos y sus encuentros deportivos empezaron a enfervorizar el ánimo popular.

Fue entonces que apareció la figura del “hincha”, aquel que alteraba su ánimo por cuestiones relacionadas con el juego, con un espíritu travieso y un temperamento que se encendía con facilidad y a veces hasta con un poco de malicia. El hincha recién nacido fue defensor tenaz de sus colores favoritos y comenzó a provocar –ya en ese momento– anormalidades de orden turbulento y agresivo. Comenzó a ser aquel que sostenía el espectáculo, que se nutría cada domingo de la rivalidad que acrecentaba su fanatismo.

De esa forma, Rosario Central, pasó a ser la meta de muchos chicos que soñaban con dedicar su vida a un juego que los desvelaba. Ese fue el caso de un jugador que haría historia: Harry Hayes. Con sólo catorce años, pidió a la Liga que le permitiera el pase de Argentino (hoy Gimnasia y Esgrima) a Rosario Central. La Liga se lo concedió y de esta forma nació el primer pase interclubes. Los dirigentes del nuevo club abonaron la suma correspondiente ($5) e hicieron el mejor negocio de su historia. El chico no era un chico cualquiera, era una figura inigualable. A partir de ese momento, jugó como centro delantero internacional y llegó a darle una fisonomía propia al fútbol practicado por Rosario Central. Sólo cambió su camiseta auriazul por la de la selección Argentina, en la que jugó 24 partidos y convirtió 14 goles. Ese pequeño niño fue el primero de una dinastía que trazó su camino paralelamente a la de su querido club.

En esta historia, no podemos dejar de destacar la presencia de otro jugador que marcó la trayectoria de Rosario Central. El destino lo puso entre las manos de Green y Jackson, cuando una tarde salían de los talleres y pasaron por un terreno baldío. Allí, notaron que varios chicos estaban jugando a la ronda –un entretenimiento muy común en aquella época– y que uno de ellos se destacaba por su destreza y agilidad. Se miraron, se acercaron al muchacho y le dijeron, sin el menor atisbo de dudas: “Vas a jugar de arquero en Rosario Central”. De esta manera, Zenón Díaz comenzó su brillante carrera futbolística, primero frente al arco y luego como zaguero. Díaz fue otro nombre glorioso en la historia del fútbol, jugó para la selección y se convirtió posteriormente en uno de los mejores zagueros internacionales.

En tanto, Central jugaba nuevamente otro clásico que finalizó con un empate 2 a 2, y de esta manera terminó el campeonato, con una cosecha importante: Rosario Central salió subcampeón, con 15 puntos y perdiendo sólo dos partidos –con Newell`s y con Rosario Atlético–, además de empatar uno con Newell`s Old Boys.

En Rosario, por aquellos tiempos, el siglo corría agitado. Avanzaba el desarrollo industrial y con él crecía el número de obreros en las fábricas. El trabajo en la nueva industria era agotador, y por ello los trabajadores exigían mejores condiciones de trabajo y expresaban sus deseos mediante motines y huelgas. La vida y las costumbres de la gente se iban modificando con una rapidez extraordinaria y era difícil adaptarse a ellas. Se abría el Mercado Central; se comenzaba el trazado de la avenida Belgrano a lo largo de la rivera sur; aparecían los tranvías eléctricos con ciento diez kilómetros de rieles que facilitaban el desarrollo de los barrios Arroyito, Eloy Palacios, Alberdi y Saladillo. El 31 de octubre de 1906, se llenaron las calles de curiosos que, extrañados, observaban las nuevas máquinas, los llamados automóviles, y las motocicletas que reemplazaban los ya extinguidos “coches”. La gente de Rosario iba aumentando día a día. Un censo realizado por aquella época mostró que en seis años había treinta y ocho mil habitantes más. Fue entonces que los barrios comenzaron a florecer para dar asilo a tanta cantidad de personas. Los nuevos adelantos técnicos se mostraban en todas las calles rosarinas: las lecherías limpias provistas de hielo; los carritos de mano y los tirados por caballos fueron una bendición para los vendedores callejeros. Se instalaba en la ciudad el primer sanatorio particular. El telégrafo y el alumbrado público dibujaban en el cielo una telaraña con sus largos metros de cables.

Entre todos estos cambios, el C. A. Rosario Central –en 1906– eligió como presidente al señor H. Scrivener y se fue instalando en la ciudad como una de las instituciones deportivas más importantes. Era el segundo club con mayor cantidad de socios: 110 simpatizantes. El fútbol comenzaba a ser un modo de vida para algunos. Entre ellos, los jugadores que sudaban la camiseta hasta las últimas consecuencias y sufrían con cada baja del club como si éste formara parte de su propia familia. Ellos dieron un giro definitivo al estilo del juego, modificaron la estructura rígida del formulismo práctico y positivo de los ingleses, lo transformaron substancialmente. Los centralistas había comenzado a imponer su sello particular aunque aún faltaba un poco para que se concretaran sus esfuerzos. A pesar de ello, Central imponía a sus rivales su “ballet endiablado”, los agotaba en su ir y venir zigzagueante por todos los rincones de la cancha. Fue ese el momento en que comenzaron a destacarse los “dribleadores”; el “bordador” que gozaba de mayor prestigio por ser el que mejor dominaba la pelota, el que la movía en todas las direcciones con soltura. Aparecía así “el malabarista”, con su botín blanco, el pantalón ajustado a la pierna –casi hasta la rodilla– y los bigotes con las puntas hacia arriba. Aquel tipo de juego que identificaba al club auriazul mostraría sus resultados en 1908 con la obtención de su primer título de campeón.

Por el año 1906, se jugó el tercer clásico de la historia. El partido terminó con un empate de un gol cada uno. Para Central lo hizo Daniel Green, para Newell´s: Manuel P. González. Poco tiempo después, Rosario Central mostraría una mala racha ante varios clásicos consecutivos: el 23 de julio perdió 6 a 0; el 28 de abril –en un amistoso– perdió nuevamente, pero esta vez 10 a 1 y varios días después volvió a perder 3 a 2. Pero esto no lo tiró abajo. Al contrario, Central luchaba para mantenerse en el nivel con que venía jugando, y lentamente comenzó su mejoría.
El fútbol se iba haciendo cada día más conocido y progresaba con cada partido jugado. La Liga tomó por fin una forma definitiva y –en 1907– se estableció por primera vez el campeonato de primera división por la Copa Nicasio Vila, mientras que en el de segunda continuaría en juego la Copa Pinasco.

Rosario Central, en ese año, cambió de presidente: asumió J. A. Nissen. Por aquel entonces –debido a que el club tenía una gran cantidad de jugadores que ansiaban defender sus colores– los nuevos directivos adoptaron una medida singular para que nadie quedase sin darse el gusto: armaron dos equipos para el campeonato, el segundo se denominaría “Central Extra”. Ambos planteles comenzaron a desenvolverse bien en la competencia. En su cancha y con su divisa azul de cuello y frente amarillo, venció –su equipo de primera– al equipo de Lomas con un gol de Green a los treinta minutos; otro –sobre el final– de Paling y dos más –de Jones y Vázquez, respectivamente–, a los diez y veinticinco minutos de la etapa final. Lomas, por su parte, sólo pudo hacer un tanto.
El 21 de julio Central derrotó a Alumni por 5 goles contra 0. Días más tarde fue nuevamente ganador frente a Argentino, por 4 a 1.

Entusiasmado, el equipo auriazul se preparó en setiembre para enfrentar a su clásico rival. Contaba entonces con jugadores de gran nivel, alistó lo mejor que tenía y se preparó para la revancha. El 8 de ese mes Rosario Central vencía por primera vez a Newell´s Old Boys con 10 goles contra 0.
Esa noche, Arroyito fue una fiesta. Hasta el amanecer –en los cafetines de avenida Alberdi–, las reuniones ruidosas y entusiastas transmitían su alegría entre copas y risas alegres. En los días que siguieron –en los talleres del ferrocarril–, el tema obligado fue el gran triunfo. Los ídolos de aquel momento eran Zenón Díaz y H. Grant; Francisco Cornejo; Juan Díaz, A. Postel y C. Tompset; Percy Jones, Arturo Woods, Danni Green, A. Vázquez y E. Palling.

Entre arrebatos y revueltas, la cancha se hacía cada vez más peligrosa. A los apasionados por el fútbol les gustaba discutir y pelear por su equipo querido, pero la agresión entre hinchas estaba llegando a límites incontrolables. Los arbitrajes empezaban a ser un problema candente. Había disconformidad frente al resultado de los partidos, y éstos se volvían dudosos. Por ese entonces, apareció una nota en el diario “La Capital” que comentaba algunos fallos erróneos y varios incidentes. La crónica encontraba como causa principal al arbitraje de referees incompetentes, que ignoraban las leyes del juego. A esta situación, se sumaba el hecho de que la rivalidad entre los dos equipos más populares –Central y Newell`s– llegaba a extremos exagerados. El colmo se logró el 27 de octubre de 1907, cuando se iba a jugar un partido contra el Olympian, organizado por Rosario Central. Este armó un equipo con jugadores de varios clubes, incluido Newell´s Old Boys. Cuando el team rosarino se disponía a salir a la cancha de juego, se descubrió que dos jugadores no se habían presentado. Eran José Viale y Lito Gonzáles. Los cracks internacionales de Newell`s se negaban a usar la camiseta de su equipo rival, que iba a usar el combinado. Hasta este punto llegó la competitividad y el odio entre los clubes. Los mismos jugadores mostraban actitudes muy poco profesionales y antideportivas.

Entre tanto barullo terminó el año 1907 con Newell’s como campeón de la Copa Vila. Los analistas de aquella época dedujeron que los auriazules habían salido perjudicados por intervenir en la competencia divididos en dos equipos, repartiendo de esta manera sus mejores jugadores en vez de fusionarlos en un único plantel ganador. Este dato se tendría en cuenta para el nuevo campeonato que se estaba organizando.

El año 1908 comenzó con un acto muy desagradable para el equipo centralista. El medio zaguero Thompset –uno de los mayores valores del club– tuvo una desgracia de graves consecuencias. Trabajando en la empresa ferroviaria sufrió un accidente que le costó la amputación de una pierna. Este suceso dejó un vacío en los jugadores de Rosario Central que siempre se sintieron partes de un misma y gran familia y sufrían las perdidas del club como propias.

El día 9 de julio se llevó a cabo un clásico que terminó con la invasión de la cancha por simpatizantes que estaban presenciando el partido. Estallaron –por primera vez en la historia del fútbol rosarino– las dos poderosas pasiones locales del más popular de los deportes. La chispa se encendió cuando –con 2 goles hechos por Central en apenas dos minutos y la sanción de un penal a favor de Newell´s– cuatro minutos después los rojinegros lograron el empate. Allí, el público se desenfrenó y entró al campo fácilmente, ya que sólo lo separaba una baranda. Los jugadores intercambiaron insultos y golpes. Protestaban contra el árbitro por un penal que creían mal cobrado y finalmente –a punto de que la cancha se desbordara– el encuentro fue suspendido. Este capítulo del fútbol rosarino no sería el único, sino que iba a marcar el punto de partida de bravas trenzadas que se llevarían a cabo a lo largo de toda la historia de Rosario Central y Newell´s Old Boys.

El 2 de agosto se volvió a jugar el partido perdido en cancha de Argentino. Pero esta vez con una particularidad: la recaudación iría a beneficio de Thompset. Cuatro mil personas asistieron al jubiloso desafío. Ya en el segundo tiempo, Central ganaba 4 a 0 con dos goles de H. Hayes y dos de Vázquez. En siete minutos Newell´s marcaría tres tantos. La cancha del parque pareció entonces una hoguera, y en un instante se hizo presente un hombre que marcaría para siempre la historia centralista: Tito Corti –entreala derecho–, que convertiría 5 goles en el resto del partido. El clásico finalizó 9 a 3 con la victoria para Central y tres dientes menos para el jugador Hugo Mallet, ñulista, al chocar contra Daniel Green. Newell´s quedaría por lo tanto con la sangre en el ojo.

Central había mostrado su solvencia deportiva, la confianza de sus jugadores y la coordinación del equipo. El 20 de agosto vencería nuevamente a Newell´s por 3 a 0, en un partido bravísimo, donde se trenzaron a los puñetazos Wilson, de Central, y Ginocchio, de Ñuls, que terminaron expulsados.

Central estaba preparado para recibir el premio mayor. En Arroyito se quemaron cohetes y la avenida Alberdi desbordó de gente vestida de azul y amarillo. La alegría hizo cantar a los canallas, en el café de los Talleres, algunas canciones características: “Con la amarilla y azul, / que es enseña del campeón. / Central le ha dictado a Ñul / una notable lección”. Central estaba invicto, y le llevaba tres puntos de ventaja a su mayor enemigo. Sólo le restaba cumplir un encuentro. Hubo un gran derroche de alegría, entre tragos de whisky inglés y cerveza criolla. El júbilo los convocó a todos, y no era para menos: ya nadie le podría quitar el campeonato a Rosario Central.


Historia de los presidentes de Rosario Central en este período

R.W. Jackson. Fue presidente desde 1904 a 1905. Persona activa y capacitada que tuvo el honor de estar al frente de la institución apenas esta cambió de nombre.

El impulso dado a la entidad, durante su dirección, fue notable. Tenía de secretario a Miguel Green y contaba con una importante y respetable mesa de asociados.
En ese tiempo Rosario Central adquirió renombre y se lo empezó a respetar en cuanto partido concertaba.
H. Scrivener. Fue presidente desde 1906 hasta 1908. Hombre que supo llevar adelante la vida de la entidad. Tanto es así que –después de un breve tiempo fuera de la dirección del club– para el período de 1908, se le volvió a confiar la presidencia.

Realizó excelente labor, logró aumentar la masa societaria y consiguió inmensas mejoras para la cancha. Enriqueció las arcas de la institución con esfuerzo de los propios directivos y asociados.

Indudablemente, las dos presidencias de este incansable caballero dieron también gran impulso a Rosario Central.
Por entonces ya las demás entidades tenían muy en cuenta la existencia del club, tanto en el aspecto deportivo como en el social.
J.A. Nissen Fue presidente en el año 1907. Supo cumplir muy bien su cometido. Fue uno de los colaboradores eficaces que tuvo el Sr. Scrivener en su primera presidencia.

Era un deportista íntegro, como la mayoría de los integrantes de la comisión directiva. Se convirtió en uno de los brillantes jugadores que tuvo el club a lo largo de toda su historia.

Siguió durante su presidencia, la marcha señalada por su antecesor. Llegó a acrecentar el núcleo de socios y las finanzas. El club consiguió, por esos días, varios éxitos futbolísticos, teniendo en cuenta que ya el fútbol estaba bastante difundido y que de continuo se libraban excelentes partidos con muy buenos equipos.

El origen de “canallas” y “leprosos”

Según algunos, el recíproco insulto que vociferan las hinchadas de Newell’s y Rosario Central empezó hace muchos años en ocasión de un partido que debían disputar a beneficio del Patronato de Leprosos. Central no quiso jugar aquel encuentro y sus rivales marcaron la negativa con el terrible insulto: “¡Canallas!”. Los centralistas se molestaron de sus adversarios y les lanzaron el contra-insulto: “¡Leprosos!”.

Algunos memoriosos, a su vez, han querido demostrar que la calificación de “canallas” fue ganada en buena ley por la hinchada auriazul cuando –tras un discutido gol de Belgrano en la vieja cancha de Rueda e Italia– casi incendian el modesto estadio.

Otros tienen una versión recogida por el descendiente de una antigua y acreditada familia rosarina, ñulista, que asegura que la cosa viene de mucho más lejos. Surge casi en los orígenes mismos del fútbol de la ciudad, cuando existía el viejo Colegio Newell –cuna de la institución que tomó el nombre de su fundador– en la calle Entre Ríos al 100. Según este testimonio, los baldíos que circundaban la actual estación Rosario Central eran escenarios de picados en los que tomaba parte la muchachada del barrio, en su mayoría hijos de obreros ferroviarios. Antes y después de cada picado debían pasar por el Colegio Newell, que estaba resguardado por altos muros. El griterío mostraba que también allí adentro florecía la pasión por el fútbol. Los que pasaban por la calle comenzaron un día a trepar las paredes que preservaban el ámbito interno del colegio de las miradas ajenas. Vaya a saber en la imaginación de quién nació la idea de que aquel recinto parecía un leprosario, apartado como estaba de la curiosidad de los caminantes. Y la “cargada” juvenil y espontánea no tardó en llegar. “¡Leprosos!”, gritaban desde afuera. Y los de adentro, ofendidos, tampoco tardaron en responder: “¡Canallas!”.

Como todo lo que nace espontáneo y naturalmente, producto de una pasión popular, es difícil descubrir la verosimilitud de cada una de estas versiones. En todos los casos hay algo de seguro: nadie pensó jamás que estaba inventando un adjetivo –de uno y otro lado– que se incorporaría definitivamente a la historia de ambos clubes. Pero quizá debamos concluir en que una aproximación a la “real realidad” imponga la necesidad de enhebrar cada una de las versiones narradas –y tal vez alguna otra que desconocemos–. Es decir, es posible que estas distintas versiones, lejos de contradecirse, bien podrían complementarse. Lo real y concreto es que algo que nació como un terrible insulto – esa era la intención original– es hoy canto de orgullo en las enfervorizadas gargantas de “canallas” y “leprosos” de todas las edades y cualquier condición social.
*Fragmentos extraídos de “Los orígenes del fútbol”, por Andrés Bossio. Ediciones De Aquí a la Vuelta, año 1991.

Anécdotas

Zenón Díaz, un ejemplo de amor al club. En la historia de Rosario Central pueden contarse por centenares los jugadores que supieron prodigarse a veces hasta el más heroico de los sacrificios para defender sus colores. Entre todos ellos se destacó de alguna manera, la recia personalidad de ese extraordinario fullback que fue Zenón Díaz.

Criollazo de estirpe férea, llegaba hasta el síncope del dolor desesperante cuando el club caía derrotado injustamente. Se cuenta que cierta vez que Central perdió contra Newell’s, en la histórica cancha de Plaza Jewell, ¡quería quemar la copa!. Repetía incansablemente: “¡No juego más, no juego más!” y en sus ojos asomaban lágrima viriles.

La más concluyente prueba de fidelidad a su querido club, reside en su negativa para viajar hacia Inglaterra cuando le ofrecieron la oportunidad de jugar allí. El notable jugador actuó durante más de dos décadas esforzándose siempre con toda el alma por su amado Central.

Fue y será –a través de los tiempos, en el ámbito deportivo de la institución–, uno de los más hermosos ejemplos de amor intachable hacia la divisa auriazul.

Fue el primer jugador de Rosario Central que, junto con H. Hayes, fue designado para planteles internacionales. Valiente y seguro, era famoso por sus riesgosas estiradas a los pies del ágil que pretendía eludirlo.


Un elogio de Florencio Sánchez

El Sr. Domingo Pergolis, padre de Don Arquímides Pergolis, poseía un pequeño negocio en el barrio de Talleres. A él solía concurrir el gran dramaturgo Florencio Sánchez, en sus visitas a nuestra ciudad. El artista escribía en el matutino porteño “La república” y había llegado para estrenar su drama “Gente honrada”, en el teatro Politeama (Mitre entre Córdoba y Sta. Fe). La municipalidad había impedido tal estreno por tratarse de un teatro de madera.

Pergolis hijo, era miembro directivo hacía unos años de Rosario Central y al ser visitado cierto día por Sánchez –que mostraba hallarse malhumorado, posiblemente a causa de algún problema financiero– lo invitó a presenciar un partido en la cancha de Central.

Sánchez, en realidad, detestaba el fútbol, pero aceptó la invitación. Aquella tarde, en el campo, había no más de cien espectadores. El partido era discreto, pero de pronto, Zenón Díaz hizo un rechazo magnífico y Sánchez –que ya había observado la calidad de aquel defensor–, preguntó:

 

¿Quién es ese criollo con pinta de indio bravo?

 

Zenón Díaz– recalcó el acompañante.


Es buen derecho–expresó el escritor.


Por la noche, Florencio Sánchez, visitó el Café Siglo XX y cuando alguien le preguntó qué había hecho a la tarde, contestó:


Vengo de ver a veintidós hombre luchar por la conquista de un globo, entre los cuales un negro me dejó maravillado.

Posiblemente ningún otro elogio a Zenón Díaz haya superado el de ese escritor que murió, tiempo después, en la ciudad de Milán.
Nos visitan los sudafricanos.

En junio de 1906 llega a Rosario el equipo de Sudáfrica, por entonces grandes cultores del fútbol.

Zenón Díaz, Percy Jones, Daniel Green y Paling fueron llamados a integrar el equipo que jugaría de rival contra el extranjero. Los visitantes ganaron 9 a 0. Lo curioso fue que el mismo día debían jugar por los dos puntos en segunda división los equipos de Rosario Central “A” y Newell’s “C”. El capitán rojinegro, Percy Bison, remitió una nota a su colega Canton del elenco auriazul, anunciando textualmente: “El motivo de la presente es para avisarle que el team “C” de Newell’s Old Boys ha resuelto cederle los puntos del match que debía jugarse mañana por dos razones: primero por ser demasiado débiles para competir con ustedes y, segundo, porque vienen lo sudafricanos y como supongo que ustedes estarán ansiosos de ir a verlos igual que nosotros, resolví tomar la medida arriba mencionada.”

 

 

 

 








San Martin S.J 1 Rosario Central 1
Sábado 24 de Junio del 2017 - 19 TV - San Juan - Arbitro: Silvio Trucco


Rosario Central 3 Talleres de Cba 3
Martes 20 de Junio del 2017 - 21.10 TV - Gigante de Arroyito - Arbitro: Germán Delfino