mio Arriba Central -- Club Atlético Rosario Central


  
Edgardo "Gato" Andrada
Edgardo Andrada fue uno de los arqueros de mayor relevancia surgidos en las divisiones inferiores de Central. Defendió la valla auriazul durante nueve años, jugando 283 partidos. Supo jugar en la selección, aunque no disputó ningún mundial. También es recordado por su paso en Vasco Da Gama.





Nació el 2 de enero de 1939 en Rosario. Forma parte de una larga lista de arqueros destacados que surgieron de la cantera "canalla". Su debut en la sexta fecha del campeonato 1960, en la derrota 2-0 ante Racing, el 15 de mayo de aquel año. Su estancia por el club rosarino duró nada menos que 9 años, ya que tras 283 encuentros disputados, fue vendido al Vasco da Gama de Brasil; club en el que fue reconocido con el tiempo, como el segundo mejor arquero en la historia del club. Además, tuvo participaciones en el seleccionado nacional: fue arquero titular en la Copa América 1963 y disputó partidos por las Eliminatorias 1970; su cuenta pendiente fue llegar a un Mundial.
Esta es la historia del "Gato" Andrada, relatada por Matías Colabianchi (canalla.com):


Yo no tuve el agrado de ver jugar a este "monstruo" de los tres palos, pero he escuchado mucho de él y también he leído.

 

Entre ellos, los que lo vieron jugar, cada vez que hablan, no sólo hacen mención de su época de jugador en el país carioca, donde jugando para Vasco da Gama contra el Santos, le ataja un penal al "Rey" Pelé, por allá promediando el final de la década del ´70 , sino también contar con orgullo, que "el Gato no faltaba nunca, de todos los años que jugó para Central no faltó ni a un partido, ni siquiera a una sola práctica".

 

Eso nos dá la idea de la estirpe de jugador que tenía Andrada, del porte canalla que caracteriza a nuestros jugadores, a los de pura cepa, como el "Gato".

 

En Rosario Central, podría escribirse sólo una historia con los arqueros que defendieron a la institución, tantos y tan buenos fueron los que pasaron por sus filas. Desde los legendarios Cornejo y Serapio Acosta pasando por Octavio J. Díaz (el mejor de todos los tiempos según quienes lo vieron jugar) hasta llegar a Quatrocchi, el "Negro" Ricardo o Daniel Carnevali, hay cantidad de excelentes arqueros centralistas. Naturalmente que en esa supuesta historia, un sitio preferencial, entre los más encumbrados, le corresponderá sin discusión posible a Edgardo Norberto Andrada .

 

Desde pibe siguió Andrada caminos distintos al que le tenía reservado su destino. Ninguna de las senadas comprendidas pasaba por Rosario Central presumiendo que ése era un sueño demasiado alto para él, un modesto muchachito nacido y criado en el barrio de Tiro Suizo. Allí despuntaba su pasión por el deporte jugando al básquet (lo hacía muy bien) en Olegario Víctor Andrade. Un día alguien le arrimó la posibilidad de probar suerte en San Lorenzo de Almagro y allá se fue.

 

No tardó mucho en volver a su ciudad. Y poco después encontró por fin la senda que desembocaba en Arroyito.

 

Empezó en la cuarta, después llegó a la primera local. Después... la consagración.

 

Era titular de la escuadra superior Juan Carlos Bertoldi, quien decidió abandonar la institución. Allí apareció Andrada, enfrentando a Rácing, en primera división profesional. Fue un acto simbólico mediante el cual, por casi nueve temporadas consecutivas "escrituró" los tres palos del arco centralista con su nombre y apellido. Muy pocas veces durante ese prolongado lapso se lo "prestó" a quienes le sucedieron. Muchos de ellos debieron dedicarse a otra cosa. O buscarse otro club.

 

Andrada era insustituible y, además, "irrompible".

 

Había gente que opinaba que era pura suerte, pero para los que lo conocieron, los que saben como es y como fue el "Gato", su perdurabilidad en el arco centralista no es atribuible a la suerte. Es, nada más y nada menos, que el producto de una exacta toma de noción de su propia responsabilidad, que trasciende en una actitud meramente personal ya que la misma se extiende a un contexto altamente motivado por razones sentimentales que deben respetarse. Y Andrada respetó siempre a la gente de Central –a sus hinchas fundamentalmente- entrenando como nadie, sacrificándose durante toda la semana para ser el mejor cada domingo.

 

Su excepcional capacidad física fue incentivada y estimulada por su ejemplar conducta como profesional, lo que permitió –hasta después de pasados los 40 alternar en primera división sin notar pérdida alguna de sus condiciones.

 

Lamentablemente, cuando estaba en la plenitud de su carrera, reconocido, querido y admirado en Rosario Central, y convocado cada vez que se reunía la selección nacional, un técnico dijo que no lo necesitaba. Y Andrada debió emigrar a Brasil, dedicándose casi una década entera al Vasco a Gama do Río de Janeiro, que todavía hoy le reconoce la calidad de número uno de todos los arqueros que conocieron en su rica historia futbolista los habitantes de aquella ciudad.

 

Andrada fue el tipo de arquero que cualquier futbolista y cualquier hincha quiere tener en su equipo. Infundía seguridad, daba toda la sensación de invulnerabilidad que tranquiliza al más impaciente. Hizo escuela en Rosario Central y mucho después repitió sus clases magistrales de cómo evitar un gil –retornado al país tras la brillante experiencia carioca- en Colón de Santa Fe, en Renato Cesarino o en el interno de Provincial. La mimsa pinta, el mismo físico, las mismas ganas, el mismo amor propio de cuando defendía la casaca nacional o entraba a la cancha de Boca precediendo a sus diez compañeros de Central.

 

Un día se cansó, y dijo basta. Privó todavía de unas cuantas clases magistrales de cómo se debe atajar, a unos cuantos aficionados al fútbol.

 

No dejó escrito ningún tratado de cómo hacerlo. No explicó en diarios ni revistas "especializados" acerca del arte de achicar el ángulo, de anticipar o de tapar; Pero dejó la evidencia irrebatible para quienes lo vieron jugar de que las atajaba todas. Que, de última, es lo que le interesa al hincha de su equipo.

 

Andrada se preparó toda su vida para ser el mejor, y a fé que lo consiguió.

 

La hinchada centralista –que no lo olvida- aguarda que el "Gato" vuelva cualquier día de éstos a hacer cualquier cosa, pero en Rosario Central.

 

Al fin de cuentas, ésa es su casa. Y en la propia casa, por más rencillas que hubieran ocurrido, uno es siempre bien recibido.








River Plate Rosario Central
Domingo 28 de Mayo del 2017 - 18.15 TV - Estadio Monumental - Arbitro: Fernando Rapallini


Rosario Central 4 Racing Club 1
Domingo 21 de Mayo del 2017 - 20.15 TV - Gigante de Arroyito - Arbitro: Ariel Penel


Nob 1 Rosario Central 3
Domingo 14 de Mayo del 2017 - 15 Hs TV - Estadio Municipal - Arbitro: Federico Beligoy