"El fútbol no es un ámbito ideal para los honestos, pero hay que dar pelea"

No es habitual encontrar en el ámbito del fútbol declaraciones ajustadas a un pensamiento liberado de especulaciones. La charla transita por diferentes momentos. Nostalgia, rebeldía y hasta diversión por una anécdota. Pero en un instante el dolor por la pérdida de un hijo se instala en el atractivo balcón al río del club Rowing.
 

La emoción se devora las palabras y el Paraná se invade con los sonidos del silencio. Y a lo largo de la entrevista Fernando Lanzidei cuenta su verdad sin dobleces ni golpes bajos. Con la franqueza y el temperamento de un Tano que no se guarda nada, y con la autenticidad con la que siempre obró.

¿Si tuvieras que volver a empezar, serías futbolista?

Sí, por supuesto, pero hoy no extraño serlo. Me retiré jugando en Central Córdoba, y no me quedó ninguna materia pendiente. Cuando me retiré tuve en claro que los futbolistas viven en una nube que no es tan real. No hacés cola en los bancos, no pagás en los restaurantes, te piden fotos y autógrafos, y todo porque sos reconocido. Pero un día todo eso se va, y la realidad es que sos siempre el mismo. Entonces hay que tener en claro que son esos 12 o 13 años con un entorno coyuntural y diferente, y es importante entenderlo para no despistar después.

Todo siempre te costó mucho, incluso debutaste en primera con Central ya descendido.

Es verdad. Todo me costó mucho. Y ese partido fue ante Platense, el último del torneo, que ganamos con tres goles de Mathei. Y el DT era José Malleo, a quien me lo cruzo cuando jugamos ante las inferiores de Boca. Pero al año ascendimos y salimos campeón. Fue un hecho histórico.

Si bien convertiste bastante no eras el típico nueve goleador, eras más articulador de ataque.
Don Angel me hizo así, porque no les gustaba los centrodelanteros estáticos y que no se integraban al juego. Yo conocía mis limitaciones, sabía que no era un goleador implacable, más allá que cuando salimos campeones hice varios. Entonces como a él le gustaban los jugadores con buen pie, con juego más asociado, me impulsó a jugar de esa forma, que saliera del área y entre, que no me enceguezca con el arco, que de espaldas haga las descargas, y así fue. Recordemos que en ese momento aparece la figura de un cuarto volante, y nosotros teníamos a Omar (Palma) que la metía de todos lados. Y como tenía buena técnica me ensamblé muy bien.

Te compra Racing pero nunca volviste a Central. ¿Por qué?

Estuve en Racing tres o cuatro años, y como bien dijiste nada me resultó fácil, ya que me tocó una época donde Racing estaba en crisis, prácticamente quebrado, con una dirigencia bastante complicada. Con mucha gente adentro del club que no jugaba y que no debía estar, pero que por estar en la tribuna mandaba. No obstante el plantel nos recibió muy bien, nos recibió digo porque fui con el Pichi Escudero. Después jugué en Colombia y también en Unión. Y no se dio la posibilidad de volver.

Después que ascienden vas a Los Andes unos meses porque aún no empezaba el torneo de primera.

Sí, con Cuffaro, Galloni y Hernán Díaz. Y también peleamos, porque casi ascendemos, nos ganó el Huracán del Turco García, con quien siempre hablamos porque forjamos una gran relación en Racing. Un personaje de historieta el Turco, un fenómeno. Y cada vez que hablamos me recuerda ese equipo de Los Andes, porque le encantaba cómo jugaba. Hace poco los dirigentes de Los Andes nos invitaron a una cena porque siempre se acuerdan de ese torneo, y ellos lo llaman el equipo de los rosarinos.

¿Qué te dejó el fútbol?

Aprendizaje y amigos. No es lo mismo conocer el fútbol desde afuera que de adentro. Ustedes los periodistas también lo saben. Es mentira que hay códigos indelebles en el fútbol, se rompen permanentemente. Es muy hipócrita. Cuando te dicen que sí es realmente no, o viceversa. Es difícil a veces entender los criterios dirigenciales. Lo mejor que me dejó el fútbol es el poder conocer el mundo. Fundamentalmente cuando estuve en la selección con Bilardo, en el 88 y 89. Y los mejores amigos son aquellos con los que compartí inferiores y no llegaron a primera. Compañeros que se sacrificaron igual que yo pero no llegaron.


Siempre fuiste un rebelde que dijo lo que pensaba. ¿Cómo hiciste para no caer en el resentimiento?

Antes era más calentón, visceral. Pero a medida que recorrés vas descubriendo que no todo es como debe ser. Aprendés que lo blanco no es tan blanco, que muchas veces te dicen que es A pero es C, y que tenés que ampliar la tolerancia para convivir con esa clase de gente, que no tiene ni capacidad ni coraje para hablar cara a cara.

Hoy estás como formador de jugadores en quinta, justo una categoría que es la bisagra para proyectarse o no. ¿Cómo actuás con tus dirigidos?

Honesto, frontal, exigente, cosas que deberían ser naturales pero que lamentablemente no son. Tampoco creo ser la excepción, porque hay muchas personas que trabajan en el fútbol ejerciendo los valores humanos, pero también hay dirigentes, entrenadores, jugadores, periodistas que mienten. Pero hay que seguir rebelándose a eso sin caer en el resentimiento, porque eso te conduce a escenarios indeseados. A veces me gustaría ser malo con aquellos que hieren al fútbol, pero la bondad es una herramienta que siempre te ayuda a resolver situaciones. Aunque muchas veces en el fútbol triunfan los malos.

¿Cómo es eso?

Porque te vas a encontrar con ejemplos que te dicen este tipo no sirve para nada, es mala persona, sin embargo está dirigiendo primera división. Y no se sabe por qué. Es probable que esté consensuado con dirigentes que son malos, y promovidos por otros que también lo son. Y los malos con los malos se llevan bien mientras se necesiten. El fútbol no es un ámbito ideal para el honesto. Cuesta mucho mantenerse en este viaje. Pero de eso se trata, dar pelea.

Pero aunque sean malos los resultados mandan.

Pero en esos casos todo es fugaz, porque hay otros valores que se conjugan en un resultado. Uno también debe ser prudente al hablar porque la idea no es provocar daños colaterales, entonces las cosas las decís en ámbito más privado.

¿Pero si nadie lo dice en público el fútbol difícilmente cambie?

El problema es que las verdades hoy son relativizadas por las creencias. Los amigos son pedacitos, el fútbol también. Y a la vez el fútbol es un pedacito de la sociedad. Por ende es un problema que nos atraviesa a todos. Por supuesto que me gustaría encontrarme con otro contexto, con una sociedad que no descalifique por pensar diferente, a respetarse más, a aprender a convivir.

¿Pensás que esto les llega a tus dirigidos?

Absolutamente. Uno dirige como vive, y como soy auténtico les llega. Recientemente asistí a una reunión y me presentan al papá de un jugador, yo no sabía quién era. Era el padre de Renzo Reinaga, gente del sur, y el señor me dice "yo no lo conocía a usted, pero lo conozco a través de mi hijo, y él al principio no podía creer lo exigente que era usted, porque se encontró con algo diferente. Y hace unos días me dijo que usted lo miraba como lo miraba yo, y le hablaba de los mismos valores que yo le inculqué". Y ese reconocimiento para mí es primordial. Porque si le preguntás a un coordinador, otro técnico o a un profe tal vez puedan tener una visión distinta, ya que alguno puede desear que vos crezcas o no, y de eso dependerá el comentario. Pero la realidad del entrenador está en el jugador, al que realmente convence, al que verdaderamente hace crecer, como jugador y persona.

¿En las inferiores deben aprender o ganar?

Las dos cosas. Mis jugadores tienen que ser mentalmente ganadores, aunque después pierdan, porque no hay invictos eternos en el mundo. Y para ganar hay que aprender a jugar, porque todo va de la mano. No es un tabú para mí inculcar el triunfo, mucho más en un club como el nuestro. Hay que formar, pero también ganar. Con una mentalidad ganadora se superan cosas. Por eso sostengo que en la actualidad no llegan los que tienen mejores condiciones, sino aquellos que son más inteligentes. Y esto lo vengo observando desde hace unos años. Vas a ver un montón de jugadores con condiciones jugando en el campo, tal vez con más recursos futbolísticos que otros que están en primera, pero que no llegaron porque no son inteligentes. Y cuando hablo de inteligencia no sólo me refiero al juego sino también a que entendieron que deben cuidarse y sacrificarse para llegar. Muchas veces decís cómo este muchacho no juega en primera, y no juega porque no fue inteligente. Por eso también se ven menos talentos en el profesionalismo.

¿Pagaste un alto costo por ser sincero y decir que querías dirigir alguna vez en primera división?

Tal vez sí. Pero yo me capacito para eso. Y lo digo porque es un deseo. A sabiendas que mi necesidad no es económica, sino profesional. Pero como se analiza todo desde la mezquindad, cuando yo digo que quiero dirigir en primera lo primero que piensan es que deseo que le vaya mal al que está. Y nada más lejos de eso en mi caso, porque he demostrado que siempre me alineo detrás del crecimiento de Central. Mi objetivo es desarrollar a mis jugadores para que puedan llegar a primera, y mientras le deseo que al técnico le vaya lo mejor posible, me capacito para estar preparado por si alguna vez tengo la chance. Si fuera un conspirador no diría mis deseos, porque los conspiradores actúan en la oscuridad y desde la mentira.

Muchos formadores han dicho que la quinta división es la más importante, porque es allí donde se abre o se cierra la puerta a la proyección profesional. Central recién hizo un reacomodamiento por la salida de Montero. A vos no te movieron de tu lugar. ¿Lo tomás como una postergación o como una ratificación por tu trabajo en la divisional?

En un principio no me sentí bien, la verdad. Pero después entendí que no es un momento para postulaciones personales, que se trata de una situación deportiva en donde debemos alinearnos en beneficio del conjunto. Por eso no lo tomé como algo personal, porque si así fuese me gustaría saberlo. Por eso y en función de ese lineamiento es que deseo que a mis compañeros les siga yendo bárbaro como hasta ahora. Creo que son decisiones de que toma una comisión directiva que busca lo mejor, y en esa línea de pensamiento estoy.

¿Si no llegás a dirigir primera alguna vez, sea en Central o en otro club, es una frustración?

Para nada. La vida me enseñó que hay cosas más importantes que el fútbol. Siempre les digo a mis jugadores que se preparen para jugar en primera, pero también les agrego que no todos van a jugar. Pero les pido que sientan que hacen lo imposible, porque esa será la mejor respuesta para ellos y sus padres. Yo hago todo para poder dirigir la primera de Central, pero no depende de mí y por ende no representa ninguna frustración. Pero también tengo en claro que porque Central sea mi casa no me da más derecho que otro.

¿Quién tiene que ser el nueve de la selección?

Higuaín. No tengo dudas de eso. Es normal en nuestro país descalificar y decir que el que está afuera es mejor. Los argentinos somos los eternos disconformes de la vida. Y fuimos así y ahora estamos peor, más radicalizados. Es una lástima que seamos incapaces de cambiar. Otros han podido modificar lo que los demoraba en el desarrollo, pero a nosotros nos cuesta. Yo miro a mi hijo a los ojos y les digo que por el camino de la corrección es más difícil, pero es un camino irrenunciable. Y trato de enseñarle con el ejemplo, porque camino en un ámbito tan difícil como el fútbol con la frente en alto, con honestidad y franqueza. Y el mejor reconocimiento es el que te brindan los jugadores que pasaron por tu gestión, como me pasó con Salazar, Montoya, Cervi, los Becker, Ojeda, Pereyra, y tantos otros. Esa es la mejor satisfacción.

¿Lo Celso?

No, con Gio tengo gran relación pero cuando me hice cargo de la quinta él ya estaba en reserva.

¿Cual de los jugadores que dirigiste para vos no tiene techo?

Cervi. Es tremendo. Es la convergencia de la inteligencia con las cualidades de un talento. Tiene la dinámica que hoy exige el fútbol moderno. Cuando los rivales lo descubrieron, él supo mutar su juego para seguir desequilibrando. Es distinto. Y en poco tiempo dará otro salto de calidad.

¿Tiene futuro Central en las inferiores?

Mucho. Podemos estar tranquilos por lo que viene. De hecho se ganó el año pasado la Copa Challenger por ser la mejor. Eso es mérito del trabajo que se hace, a tal punto que desde lo económico también fue trascendente para el club porque se transfirieron varios jugadores surgidos de acá. Y si bien este año el proceso fue un poco más lento porque el equipo no anduvo bien, las inferiores van a seguir nutriendo a la primera, pero siempre y cuando el técnico que dirija mire para abajo, porque si viene uno y te trae 20 incorporaciones es muy difícil mostrar lo que hay en el club, ya que te arma una reserva con jugadores de 24 o 25 años, y entonces para qué te sirven.

¿Por eso también coincidís en que el técnico de primera debe ser del club?

Me gustaría que al final sea así. Como pregono que los jugadores del club deben tener una chance, porque Central tiene un sentido de pertenencia muy grande, y eso gravita a la hora de jugar. Hemos perdido un poco eso por traer muchos futbolistas no nacidos en el club. Eso no quita que se contraten futbolistas de jerarquía, pero históricamente nuestros mejores equipos fueron aquellos que tuvieron una composición del 70 por ciento o más con jugadores Canallas.

De tal palo, tal astilla

"Mi hijo Bauti es tan canallón y parecido a mi que por ahí le salta la térmica. Y una vez me hizo pasar un papelón. Menosse llevaba la hija al mismo lugar donde estudia él. Un día en la puerta me dice: papá está Menosse, ¡uh! no puede ser. Papi, qué malo es Menosse por favor. Y lo reto, le digo que se calle, que tenga cuidado con lo que decía. Lo dijo bajo, pero Menosse algo escuchó y se dio vuelta riéndose. No sé qué alcanzó a escuchar, pero le pedí disculpas, y él muy amable respondió que no pasaba nada, pero porque me conocía y además era paciente de mi señora que es odontóloga. Pero yo no sabía dónde meterme".

 

 

 

 

 

Fuente: Diario La Capital





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